El baile de tu elfo

29 Diciembre 2006

Blanco y Rajoy, de elfos

Con unos amigos, descubrimos la web Elf Yourself hace unas semanas, sin ahorrar carcajadas. El domingo, el periodista David Cantero la sacó en una noticia del telediario de TVE. Es una página en la cual todo el mundo puede usar la foto de una persona para colocarla en lugar de la cabeza de un elfo bailador. Me divertí pues a hacer bailar al ritmo de una música navideña el elfo de mi madre, así como los de políticos españoles. El resultado, para divertir un buen rato. De paso, no puede evitar enviarle a mis compañeros de la dirección del PSOE Europa su propio elfo. Al fiel visitante de mi blog, al que invito a realizar su propio elfo, pasaré los más conocidos: José Blanco, Pedro Zerolo, Javier Moreno y Mariano Rajoy. Así como el de vuestro servidor.


Mesas que asustan

27 Diciembre 2006

Mesa 

Salimos del primer paso. Han trascurrido los días 24 y 25 de diciembre. Unos de los más crueles del año para el aparato digestivo. Todavía se pasean por tu mente las imágenes de esas comidas en las cuales has participado, sentado en una mesa tan llena que sin esfuerzo te produce una saciedad anticipada por vía visual: te asustas antes de sentarte. Intentar rechazar algo, es como decir al que te invita que no te gusta el menú. Así que, sin remedio y como un animal, tragas la pitanza. A sabiendas que en breve llegará el segundo paso, los días 31 de diciembre y 1 de enero.

En enero, gordos y flacos se matarán a practicar deporte, para perder esa grasa acumulada durante las fiestas. Algunos, no acostumbrados al ejercicio, acabarán con agujetas y dolores de día y noche. Maldecirán el deporte, olvidando que la raíz del problema reside en el exceso gastronómico de las recién acabadas fiestas. Pero la lección no servirá de nada. Once meses después, volverán las mesas que asustan.


El turbo de Papa Noel y el niño llorón

18 Diciembre 2006

Papa Noel pone el turbo

Empieza la última semana antes de Navidad, la cumbre del consumismo. Algunos comercios reconocen realizar 1/3 parte de su beneficio anual en estos pocos días. En el sector del juguete, hablan del 75% de las ventas del año. La realidad será probablemente aún más sorprendente.

Dicen que cada familia española gastará una media de 900 euros en este periodo, entre regalos y comida. Eso quiere decir que muchos gastarán una cantidad superior. La publicidad de la televisión y de los buzones llena los ojos de los niños de exagerada ilusión. Paralelamente, numerosos programas enseñan mesas abundantes, cada vez más lujosas. Con productos realmente asequibles solo para casas opulentas. Y que la mayoría de la población no puede permitirse pero acaba comprando. Se trata de aparentar, estúpidamente, una situación que no es real. Incluso, parece que algunos se endeudan. Afortunadamente, el periodo de exceso comercial que representa la Navidad no se impone más que una vez al año.

La fiebre de las compras, la ansia de tenerlo todo, se juntará estos días con las prisas y la odiosa costumbre de actuar en el último minuto. Una subida de adrenalina para el viejo Papa Noel, que no tendrá más remedio que poner el turbo a su trineo si quiere llegar a tiempo y evitar los llantos insoportables de peques mal acostumbrados. Niños que, años después, serán padres y dejarán de ver la publicidad con los mismos ojos, siendo el presupuesto familiar el que es. Pero el poder de esta locura les inducirá a reproducir la mentira del cuento de Papa Noel, por mucho que les cueste económicamente. La Navidad, una fiesta religiosa que con el cambio de los tiempos cede el paso a la religión del consumismo. Los Reyes Magos, cada vez más olvidados, se rinden ante la ley del calendario: diciembre llega antes que enero y si los amigos del niño reciben sus regalos en diciembre, cada vez son más los padres que no se atreven a sufrir las consecuencias de la espera del niño hasta enero. Que el capricho y la actitud llorona no nos impida tener la fiesta en paz.


Que Rajoy espere doce horas en un aeropuerto

16 Diciembre 2006

Avión de Air Madrid

Hoy Mariano Rajoy ha criticado al Gobierno por la suspensión de licencias a Air Madrid. El PP culpa al Ejecutivo de ser responsable del daño que afecta a los clientes de la compañía aérea. La derecha ya no sabe que hacer ni que decir, con tal de sembrar estupideces aprovechando cada ocasión, hasta aquellas que no tienen que ver con la calidad de la gestión política de un gobierno, sino simplemente con el cumplimiento de la Ley.

Air Madrid es una empresa privada, sometida a la normativa de aviación. Al igual que todas las demás que operan en España. Debe respetar las exigencias de seguridad. Y si no las respeta, al Gobierno le corresponde actuar. Es lo que ha ocurrido. Air Madrid incumplió con sus obligaciones. Y numerosos retrasos se han observado a lo largo de estos dos años de existencia. Me pregunto que hubiera ocurrido si un retraso de doce horas lo había sufrido el propio Mariano Rajoy, esperando en el aeropuerto. Me pregunto que hubiera dicho de no llegar a tiempo a una de esas comidas del PP en Sudamérica. Me pregunto que hubiera dicho Mariano Rajoy en caso de accidente de avión tras una ausencia de paralización de la flota por detección de problemas de seguridad.

El PP nunca mostró una gran sensibilidad por los problemas de los aviones y la vida de los pasajeros. No entenderá que eventualmente hayamos evitado que vuelos de Air Madrid nos rememoren el tristemente siniestrado Yakolev-42 de la época de gobierno de Aznar.


Presunta víctima de ETA

15 Diciembre 2006

Manifestación de la AVT (Sevilla, 01.10.2006)

En la manifestación que convocó la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Sevilla el pasado 1 de octubre contra el diálogo con ETA, una representación de víctimas en sillas de ruedas encabezaba la marcha. Hoy supe por los medios que una de esas personas, ni era víctima de ETA ni utiliza silla de ruedas en su vida habitual. Esa persona se llama Joaquín Merino. Es el marido de una concejal del PP en el ayuntamiento de Umbrete, en Sevilla. Es cojo, pero como consecuencia de una enfermedad, no por un atentado terrorista.

Según ha contado el propio Merino, una persona se le acercó en la manifestación de la AVT, le dio la mano y le agradeció con un “ole” su presencia en la marcha. A lo que él respondió: “No, yo no soy víctima del terrorismo, yo lo que soy es cojo”. Pero a los organizadores de la AVT tuvo que darles igual, este último detalle. Con tal de contar con una silla de ruedas más… Un hecho que se agrava al conocer que, por encima, ese hombre no usa silla en su vida diaria. En cuanto al interesado, no le molestó acabar en primera línea de la manifestación, aparentando ser victima de ETA.

La verdad es que ciertas noticias dan pena. Lamento esta, por las víctimas de ETA y por las personas que, obligadas a ello, deben moverse a diario en silla de ruedas.


Ha muerto el criminal

11 Diciembre 2006

Pinochet

Le ha llegado su hora, al criminal. Por fin, ayer, el mundo se ha liberado de un indeseable que en los últimos años marcó la actualidad por su cobarde lucha en contra de su juicio.

Augusto Pinochet, que se hizo con el poder en Chile en 1973, tras traicionar y eliminar al presidente democrático Salvador Allende en el marco de un golpe de Estado, dirigió el país con mano de hierro hasta 1990. Torturó y asesinó a un número bárbaro de ciudadanos. Conozco a uno de ellos, que sigue hoy en día con una cicatriz en la cara. Para él, como para muchos, los crímenes de Pinochet no pasarán al olvido.

Sabemos que no tendrá funeral de Estado. A la gran mayoría nos parece lógico y correcto. No debería tener ni honores militares. La gran mayoría lamentamos que el dictador haya muerto sin pasar por sentencia de la Justicia, sin pagar sus crímenes. No servirá de mucho consuelo, pero puede ser útil recordar que en España, cuando el dictador Franco murió, sin fuerzas y con el régimen agotado, seguía en el cómodo poder.


No nos corresponde pagar errores privados

10 Diciembre 2006

Yo no conocía las llamadas empresas filatélicas, que no nombraré, pero que todos identificamos a raíz de lo ocurrido este año con sellos que presuntamente debían producir capital. Esas entidades, las conocí cuando saltó el escándalo. Meses después, me enteré que entre los afectados había amigos mios. Y me pareció increíble que se pudiera haber confiado en tal sistema. Como antiguo coleccionista de sellos, sé que la rareza es la gran fuente de valor de ese material. Y que de ninguna manera los sellos pueden “producir” lo que sea. Los sellos tienen valor, algunos más que otros, pero no son como la bolsa, ni mucho menos. No tiene nada que ver. Y el que lo afirme está engañando burdamente a la gente.

Cada semana recibo correos electrónicos en los cuales algunos afectados por la estafa critican al Gobierno y le responsabilizan de la pérdida de sus ahorros. Piden que el Estado les indemnice. Lo cual me parece escandaloso, porque el Estado somos todos, también los que no tenemos nada que ver con el error comercial.

Sobre la política del Gobierno, se podrá discrepar o no. Pero lo que no se le puede reprochar al Gobierno, es de aplicar la ley. Al Gobierno le corresponde una función de control. Al actual, del PSOE, como al anterior, del PP. El caso es que en la época del PP, nadie se atrevió a poner punto final a lo que posteriormente se desarrolló en desastrosa cascada de líos. El grupo de afectados evolucionó: de los ya clientes de las empresas, pasó a extenderse a los nuevos clientes, nuevos afectados. Estas últimas personas no hubieran sido victimas si alguien había parado a tiempo la actividad de las empresas que las engañaron.

El actual Gobierno cumplió, como debe ser, con su tarea. Hay afectados, claro que los hay, lamentablemente. Pero cabe subrayar con total claridad y firmeza que el daño no lo ha causado el Gobierno, sino las empresas privadas. Y también diré que los afectados tienen parte de la culpa. Ellos han decidido libremente y sin obligación “invertir” (entre comillas, porque claro está que no es una inversión) en esas operaciones. Ellos son responsables del uso de su propio capital. Si ellos son los beneficiarios cuando la operación resulta favorable, ellos también deben saber ser los afectados si la operación fracasa. Así es el sistema comercial. Y quien participa en él, lo acepta y acata implícitamente. Aquí, ocurre que los clientes han metido la pata, pero no quieren ser responsables de ello. Por feo que parezca decirlo, es así. La gente debe ser madura, aunque cueste. Y debe tener la decencia de no reclamar que el resto de la ciudadanía le pague sus errores privados.

Si el Estado indemniza a los afectados, todos los ciudadanos pagaremos errores que no hemos cometido, errores que han cometido unos pocos.

El caso es que, si esto no había salido mal y los clientes habían ganado dinero, probablemente les parecería injusto que otros muchos (los demás ciudadanos de España) le reclamaran una repartición de las ganancias. Si uno gana, no quiere compartir. Así pues, siguiendo la misma lógica, si pierde, debe aceptarlo y no exigir lo que no pude exigir. Será feo decirlo, pero justo.


Ese cerdo de Clooney

5 Diciembre 2006

Max

Ayer, navegando por internet, topé con el siguiente titular de noticia: “Muere el cerdo de Clooney”. Como también le tuvo que pasar a otras personas, en un primer segundo, la frase me causó tremendas dudas. ¿Ha muerto el actor George Clooney? No lo sabía. Que poco se comentó. Y en tal circunstancia, ¿como pueden autorizarse el extremo de llamarle “cerdo”?

Sobretodo, uno no sabía de la posesión de un cerdo por parte del actor estadounidense. Y por lo tanto no identificó, a primera vista, el verdadero enfoque de la noticia: el animal. Max –así se llamaba la mascota– convivió con la estrella a lo largo de 18 años. El cerdo, de unos 130 kilos, vivía con George Clooney en su residencia situada sobre las lomas de Hollywood (la residencia de Clooney, y no del cerdo, que quede claro). Parece que el animal no será sustituido por otro cerdo, dicen en la noticia, ya que Clooney declaró: “¡Max cubrió todas mis necesidades de cerdo!”. Me pareció esencial indicarlo. Aunque ahora me surja otra pregunta: ¿cuales serían esas necesidades de cerdo?


Apagón

5 Diciembre 2006

Velas

La hora rondaría entorno a las ocho de la tarde, cuando se me apagó el televisor. Un miércoles, en pleno día de semana, se va la luz. Cosa inusual, en este país, en Suiza. Pero que ya ocurrió el año pasado, en toda la región, dejando la zona paralizada. Entonces, algunos amigos me llamaron desde el tranvía, en donde quedaron “encarcelados” un buen momento.

Esta vez, el apagón no afectó más que al edificio urbano en el cual reside quien propone estas líneas. Pero afectó de forma desigual, según el ala de la casa y el piso. Así que, si la cocina y el salón quedaron sin luz, el pasillo no. Tampoco ha sido el caso de comprobar todos los cuartos. Antes de que me dé el tiempo necesario a la operación, noto que hay gente hablando, fuera. Por el ojo de la puerta, veo que las dos vecinas salieron a conversar delante del ascensor. Rápidamente vecinos de otros pisos se unen a la conversación de los de mi piso. Abro la puerta. Inmediatamente, se me pregunta si también tengo la casa apagada. A lo cual contesto que sí.

Al parecer, el ascensor ha quedado bloqueado pisos abajo. Cuando está todo el grupo reunido, llega mi vecino por las escaleras. Su mujer, apoyada en el marco de la puerta, nos hace notar lo obstinado que es su marido. El hombre, a pesar de recientes problemas cardiovasculares y avisos de médicos, sigue trabajando. Ella dice: “sube las escaleras a toda velocidad, quiere que me quede viuda”. Pero sonríe.

Los minutos pasan, la gente charla. Se empieza a comentar un problema existencial: “si esto sigue, ¿cómo acabar de cocinar la cena?”, pregunta mi vecina. A algunos se le estropeará el contenido de las cazuelas. Varias soluciones surgen: unos aconsejan a otros. Mi vecina propone al de abajo que, “puesto que su cocina funciona, venimos todos a cocinar a su casa”. El sonríe.

Al rato, llegan de la compañía eléctrica, que hemos avisado. Se nos indica que el problema durará toda la noche. No queda más remedio que encender velas y picar algo de la nevera. La ocasión ideal para acabar todos los postres a la vez. ¡Que rico!

Avería a parte, ha sido un momento amable. Algunos vecinos nos cruzamos a diario en el ascensor, sin intercambiar más que unas pocas palabras. Cosas de la vida estresada que nos toca. Lo curioso en esto es que un apagón de luz ayudó a encender otras luces, las que iluminan con sencillez y buen humor las relaciones humanas.

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