Jamón
Hoy asistí a un coloquio sobre la prensa española en la Universidad de Lausana. Entre otros participantes, el reportero de La Vanguardia Bru Rovira me llamó la atención al comentar el recuerdo que tenía de sus primeros contactos con Suiza, cuando tenía unos diez años. Siendo joven viajaba a este país desde Cataluña en uno de esos trenes de entonces, que se paraba en la frontera, obligando los pasajeros a bajarse y saltar a otro coche en plena noche, ya que el ancho de vía español no permitía a los trenes de Renfe circular en el resto de Europa. El convoy seguía luego su camino hacia Suiza, durante la noche. Y los ánimos eran pocos: a Suiza se la conocía como país frío (no sólo en el clima), como país racista. Cuando tocaba la hora de comer, los trabajadores secaban las lagrimas y degustaban el cocido que les habían preparado en España, así como el chorizo y el jamón que las mujeres les habían dado para aguantar los primero días. Llegados a Ginebra, había dos colas: la de los españoles y la de los demás. A los españoles se les tenía que quitar esos jamones y chorizos que llevaban con ellos. Nuestros trabajadores no hablaban francés y no entendían por qué se les quitaba el jamón. No sabían que en Suiza estaba prohibido importar carne de cerdo desde España. Bru Rovira recordó hoy con humor que en esas circunstancias, los españoles solo veían una cosa: que los gendarmes cogían los jamones. Yo me eché a reír, en ese momento, como el resto de la sala. Lo que acababa de comentar el periodista nos sonaba a algo conocido. Nos lo habían contado nuestros padres, o lo habíamos vivido. Mi sonrisa fue acompañada por el recuerdo de lo que me había ocurrido a mi también: tenía esos mismos diez añitos cuando en Ginebra, esta vez en automóvil, los aduaneros nos quitaron un jamón que queríamos pasar al volver de nuestras vacaciones en España. Entonces, inexperto que era, no me gustaba el jamón. Pero me entristecí al ver que un policía nos quitaba la paletilla que nos había dado mi abuela, mi querida yaya enferma de cáncer, que horas antes había despedido por última vez con lagrimas en los ojos.


















24 Noviembre 2007 a las 3:47 pm
Vaya Marco, me encantan las entradas relacionadas con el tema de la inmigración, seguro que muchas de esas escenas se repiten en la actualidad. Te recomiendo que veas la película Surcos, de José Antonio Nieves Conde, de 1951 sobre los inmigrantes españoles que iban del campo a la ciudad en los años 50, es divertida y dura y conmovedora.
24 Noviembre 2007 a las 8:59 pm
Hola Marco,
No sé si sabrás quién soy porque en realidad no nos conocemos. Andi me mostró tu espacio personal y me animó a escribirte.
He leído tu texto y me ha gustado mucho. Pero hay una cosa que sí me ha llamado la atención; que tradujeras también el nombre de la ciudad donde estudias; aunque sea correcto en todos los países.
Quizá yo esté demasiado sensibilizada con éste aspecto porque en Catalunya, la gente castellano-parlante, acostumbra a traducir el nombre de ciudades, lugares y hasta el nombre propio de las personas.
Sin embargo, me ha gustado mucho que cuando has mencionado al periodista catalán, Bru Rovira, no lo hayas traducido.
Me ha comentado Andi que te interesaría aprender un poco de catalán. Te animo a hacerlo!
Un saludo!
25 Noviembre 2007 a las 11:23 am
Hola Marco,
Tu si sabes quien soy creo
Tu texto me emociono mucho, a mi tambien me recuerda alguna aduana, una noche, en la que mi hermano y ya haciamos de mentira de dormir, para ablandar a los policias, que no nos hagan para y abrir el maletero, donde llevabamos menuda pata negra… Y paso. Pero perdimos unos 5 años de vida cada uno por la taquicardia…

Otra vez tambien fue bien chistoso, pues mi madre no estaba al corriente (no quiso nunca mas por el miedo que paso), no le dijimos, solo le dijimos cuando llegamos a Lausana
Que risa.
Enfin: ese era el caso de todos nosotros que tenemos algo que ver con la inmigracion de aquellos años, y es bueno recordar estas anecdotas, aunque traten de jamon, o pernil…
(lo mio fue pernil…
Que mas da el nombre que se de, mientras nos entendamos. Porque España es una sola.
26 Noviembre 2007 a las 11:05 pm
Guti: creo que te has confundido, esta no es una historia de inmigración pero de emigración. Han sido emigrantes de España pero inmigrantes en Suiza
A nosotros nunca nos han pillado, pero no me gustaría que me llevaran mi jamón o mis chorizos. Una vez que fui sola a España cuendo tenía 9 años mi tía me había puesto unos chorizos y unos grelos en una maleta, estaba un poco asustada por si me la abrían, pero de los niños no dudan y los dejan pasar.
27 Noviembre 2007 a las 11:07 am
Por cierto se me olvidaba, la pelicula “Un franco 14 pesetas” es muy buena y refleja muy bien la emigración española a Suiza en los años 60, donde también les sacan el jamon y los chorizos.