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Semáforo abierto para Marco Ferrara

La hora de una tercera vía

“Estoy dispuesto a dialogar”, ha declarado hoy Rajoy, el día después de un 21D que dejó la situación política catalana y española tremendamente necesitada de acuerdos. Y es que no hay otra salida, ni para unos, ni para otros.

No hay mayoría social favorable a la independencia. Al contrario, las urnas han dejado claro que la mayoría de los catalanes no desea la independencia y optó por candidaturas que defienden la permanencia en España, colocando a la cabeza a Ciutadans, de Inés Arrimadas.

Sin embargo, si bien los no-independentistas han cosechado algo más de la mayoría de los apoyos de la ciudadanía, la mitad unionista no puede hacer oídos sordos ante el clamor de la mitad independentista. El sistema electoral hace que la minoría social se convierta en mayoría política en el Parlament, con 5 diputados más y capacidad operativa. El resultado permite la formación de un Govern de Junts per Catalunya, ERC y la CUP, que podrá ser exigente, pero no caminar hacia la independencia.

Si ni la actual configuración estatal ni la independencia de Cataluña son aceptables a la lectura del resultado electoral y de las leyes, habrá que explorar una tercera vía. El futuro Govern de la Generalitat de Catalunya puede ser un actor determinante a favor del cambio mediante una reforma constitucional hacia el federalismo.

En clave de partidos, Ciutadans deberá gestionar la frustración de ser primero pero no poder gobernar. Tiene el mérito de su crecimiento rápido. Está en una situación similar al PSC de Pasqual Maragall en 1999, cuando llegó primero en votos pero no pudo gobernar esa legislatura y tuvo que esperar a poder hacerlo en las dos siguientes.

Junts per Catalunya ha logrado llegar en segunda posición, capitalizando la campaña victimista que sí pudo hacer Puigdemont al fugarse a Bruselas y así evitar la cárcel. Parece además que le vino bien la operación de cosmética que escondió la recién creada marca PDeCat, técnicamente mala pero sobretodo salpicada por escándalos nada más nacer para tomar el relevo de la irremediablemente ensuciada Convergència. Si Puigdemont quiere someterse a la investidura, le toca afrontar ahora el problema que lleva meses arrastrando: volver a España y responder ante la Justicia, con el riesgo de ser encarcelado. La alternativa que tiene su partido es presentar a otra persona para presidir la Generalitat.

ERC, que ha sido más auténtica al asumir sus actos y presentarse ante la Justicia para responder de la ilegalidad en la que ha caído, ha pagado el precio de su incoherencia. Y posiblemente de sus mentiras en el argumentario separatista. También la ausencia de su líder, el encarcelado Junqueras, y la falta de preparación de su potencial sucesora, Marta Rovira, habrán jugado un rol en la ventaja que por sorpresa le sacó su socio Junts per Catalunya.

Para el PSC (y para todo el PSOE), estas elecciones han sido decepcionantes. En los últimos años el socialismo ha ido perdiendo terreno en Cataluña, comunidad clave para el éxito del PSOE a nivel estatal. El discurso de Iceta, de los más responsables y completos en la actualidad, no ha logrado calar lo suficiente. Salva los muebles creciendo 1 escaño y sobretodo habiendo defendido la propuesta de tercera vía que curiosamente ahora podría ser la solución.

Catalunya en Comù Podem ha ligado con todas las sensibilidades durante la campaña. Su indefinición ha quedado patente.

La CUP, por terminar, ha perdido casi la mitad de sus apoyos desde el 2015, cuando su discurso ha seguido igual de duro. La diferencia: no asumió costes personales en la vía independentista. Quedó marcada como el actor que grita mucho y hace poco.

Por terminar, el PP queda terriblemente tocado, relegado a la última posición parlamentaria. Anoche han perdido Rajoy y Santamaría más que Albiol. La ausencia de componente política en su gestión desde la Moncloa ha sido un lastre para el país, que incrementó el malestar. Su discurso cerrado, simplista e insultón ha sido censurado por un electorado exigente. En el exterior, ante los medios internacionales, la incapacidad del PP y su pésima imagen nos obligó a los socialistas a asumir la tarea de comunicación a favor de la Constitución.

Con el 99,84% escrutado, así quedó la noche electoral:

Votos % Diputados

No-independentistas

2.211.655 51 65
Independentistas 2.062.760 47 70

Por candidaturas:

Votos % Diputados

Ciutadans

1.101.574 25.36 37
Junts per Cataluña 940.414 21.65 34
ERC 929.061 21.39 32
PSC 602.616 13.88 17
Catalunya en Comú 323.460 7.45 8
CUP 193.285 4.45 4
PP 184.005 4.24 3
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Detrás de la forma estaba el fondo

Cuando tenía 22 años, recién llegado a la dirección del PSOE Europa, impulsé un nuevo léxico para hablar de “ciudadanía en el exterior” en vez de “emigración”. Muchos nos veían pesados con el tema, que consideraban un detalle sin importancia. Pero en ello se reflejaba nuestra batalla por ser ciudadanos de pleno derecho y acceder, al igual que todos los demás, a la posibilidad de ser representantes y no únicamente representados: se trataba de tener parlamentarios por la diáspora, al igual que cualquier ciudadano/-a de España. Detrás de la forma estaba el fondo. En todos los aspectos en los que hubo desencuentros con las esferas más altas, en medio de un patio que no se molestaba en prestarnos consideración ni el debido espacio, el curso de la Historia nos ha ido dando la razón, confirmando una tras otra las batallas de ese PSOE Europa del 2004-2014. Esa etapa de excepcional trabajo y calidad será dificil de repetir: han desperdiciado oportunidades y quemado la gente joven, hasta dejar el solar abrasado. La tribuna de Eduardo Madina hoy en El País confirma la visión del lenguaje, una de las tantas en las que llegamos con al menos 15 años de antelación.

Estar a la altura frente al doble fracaso

No se puede frivolizar con la democracia. Su defensa ha costado la sangre de abuelos y bisabuelos. Su ausencia ha conllevado la privación de libertades para todo un país durante casi medio siglo, propiciando el exilio político y la emigración económica de nuestros padres. Algunos hemos nacido fuera de nuestra tierra de origen como consecuencia de esa historia.

Convocar un referéndum de independencia es una decisión de tal calado que requiere previamente un amplio consenso político. No lo hay en Cataluña. Además, hacen falta garantías elementales como un censo electoral oficial, mesas de votación, apoderados, recuento transparente, así como control y arbitraje por una junta electoral. Lo que se ha organizado este 1 de octubre ha sido una chapuza opaca e irregular, usurpando la democracia e ilustrando el escaso nivel de responsabilidad cívica que hay en parte de la ciudadanía.

La sociedad catalana no se merecía una consulta barata ni fanática. Tampoco se merecía amanecer como un país roto, abierto en canal entre 1/3 de ciudadanos independentistas extremadamente motivados y 2/3 de ciudadanos que no comparten ese extremo pero que tampoco están dispuestos a enfrentarse activamente a parte de sus familiares, amigos, compañeros y vecinos, con los que simplemente desean convivir.

Los líderes políticos catalanes que han forzado esta situación sabían perfectamente lo que estaban fomentando. Es un comportamiento irresponsable e inaceptable en democracia.

Puigdemont habló de resistencia pacífica pero la realidad no ha sido tan angélica. Las cargas policiales han sido brutales en exceso. Pero también se han producido innecesarias provocaciones y violencia hacia los policías, que replicaron. Policía Nacional y Guardia Civil tenían una misión inconfortable, cuyo perímetro se desbordó al incumplir los Mossos por la mañana con el preventivo mandato judicial de confiscación de material, que hubiera evitado muchas cargas posteriores. Las imágenes de heridos dieron la vuelta al mundo, satisfaciendo una estrategia de propaganda finamente diseñada en los salones de la Generalitat. Han creado un monstruo y fomentado desorden en vez de promover ideas y cambio político.

Utilizar a los ciudadanos como escudo humano para defender unas ideas minoritarias es tener un pobre concepto de la democracia. Tomen nota las abuelas heridas que esta chapuza ha sido creada para tapar la gangrena de la oligarquía de Convergència, saciar ambiciones personales en ERC y satisfacer las pasiones de la CUP, ambas últimas dos posiciones que nada tienen que ver con el internacionalismo que caracteriza a la izquierda.

En 2015 se han celebrado unas elecciones autonómicas que los independentistas han convocado con carácter “plebiscitario”. No eran un referéndum, pero los líderes de Convergència y de ERC se juntaron dentro de la coalición “Junts pel Sí” defendiendo esa óptica. Sumando a los independentistas de la CUP, consiguieron el apoyo del 47,8% de los electores, frente al 52,2%. En esa misma óptica plebiscitaria, perdieron su apuesta en una convocatoria electoral legal y regular (con censo electoral, mesas y escrutinio garantizado por junta electoral). Así las cosas, no tenían la legitimidad popular ni el aval del pueblo para encarrilar la vía independentista. De hecho, tampoco llevaban la propuesta de referéndum en el programa electoral de “Junts pel Sí”. En el Parlament de Catalunya, forzaron una situación para la que no tenían mandato popular y se excedieron más allá de las competencias que sus instituciones tienen asignadas. En cualquier Estado de Derecho, esta forma de hacer las cosas es improcedente.

De un censo de 5.550.000 personas, apenas 2.020.000 se movilizaron este domingo por la independencia (si es que las cifras de participación no han sido además hinchadas a golpe de opacidad y ausencia de garantías). ¿Qué mayoría social es esa para legitimar algo tan trascendental como la independencia? ¿Qué lógica puede pretender al apelativo de “democracia” cuando impone el sentir de una minoría a una mayoría? ¿Quiénes son unos actores minoritarios de la sociedad para privar de su nacionalidad española y europea a una mayoría de la población?

Incluso en Suiza, que algunos han citado como ejemplo de democracia participativa, un cantón que decidiera irse no podría proceder como pretende hacerlo la Generalitat. Hace unos días, un juez suizo me decía del desafío catalán: “Aquí ninguna institución violaría la Constitución. Ante tal extremo, enviarían al Ejército.” Hay que ser conscientes de lo que se hace y no inventarse realidades inocentes.

En cuanto al gobierno central y su partido, el PP, merecen un cero por su incapacidad de abrir cauces de diálogo y haberse opuesto desde hace una década a las propuestas sensatas que se habían diseñado para responder a las aspiraciones de Cataluña. Han actuado desde las tripas y la lógica de trincheras. Se han adueñado la bandera de España sin la más mínima vergüenza y la han usado de forma partidista. A una semana de un desafío anunciado, mientras crecía a toda velocidad la planta salvaje en el jardín, la regaron con un vídeo cargado de mala hostia. En una rueda de prensa del portavoz del Gobierno en pleno año 2017, se han referido a la Generalitat con el término viejuno (por tanto irrespetuoso) de “Generalidad”. ¿Qué necesidad hay de adoptar una óptica tan cerrada y retrógrada? ¿Qué concepto de responsabilidad hay en tales gobernantes pirómanos?

No se puede dar una respuesta analógica en una época digital. No se puede quedar inerte ante el crecimiento de un colectivo y la propagación de un discurso. No se puede ignorar la lógica capacidad de convocatoria de unos líderes políticos. No se puede ahorrar esfuerzos políticos propios esperando de brazos cruzados que la cuestión se solucione sola al recaer inevitablemente en manos de la Justicia, y acabe fatalmente en actuación policial en contra de cientos de miles de personas. Es una aberración, una salvajada que era de esperar, fruto de la mayor incompetencia.

Todos tenemos la culpa de haber elegido perfiles incendiarios y de bajo nivel entre nuestros representantes, por la razón que sea y que cada cual sabrá analizar al contemplar ahora las consecuencias.

Los catalanes que se sienten defraudados han de saber que ni Rajoy es España, ni su insuficiencia política está a la altura de la convivencia y del diálogo que la ciudadanía española siempre ha sabido avalar y desarrollar desde la inteligencia.

Se puede estar en desacuerdo con el PP, pero la forma de acabar con esa opción nefasta es ganarle en elecciones generales: ya se ha conseguido varias veces y Cataluña supo ser parte de la solución, compartiendo objetivo con el resto de España, donde se logró por las buenas y de forma legal quitar al PP del poder incluso en sus feudos.

Hacen falta hombres y mujeres de Estado, que estén a la altura de nuestra época. Recapacitemos y abramos el diálogo para retomar el cauce allí donde las cosas empezaron a quebrarse. Lo pide a gritos la inteligencia. Apartemos los términos innecesarios y las pasiones. Vayamos de la ley a la ley, pasando por la ley. Reformemos la Constitución hacia un federalismo moderno, reformemos las leyes colocándolas a la vanguardia, retomemos el Estatut con tolerancia, respetando las reglas del juego que nos hemos dado entre todos y que, en cada país, son la base indispensable de una vida y convivencia civilizada.

¡Mira, un toro!

Uno de los recuerdos de infancia más presentes que tengo en este momento del año son los viajes en coche que hacíamos de Suiza a Zamora con motivo de las vacaciones de verano. En nuestra alejada comarca rural, el vehículo sigue siendo hoy por hoy indispensable. Y en aquella época de los ochenta, el avión más el alquiler de un automóvil durante 4 semanas era una locura que la economía familiar no podía permitirse. Así que el viaje duraba unas 17 horas que se hacían eternas, a pesar de lo bien que corría el Alfa Romeo rojo de mi padre. Los últimos años antes de cambiarnos a la solución más cómoda del avión y del coche en España, pasábamos por Euskadi. Pero de toda la vida el trayecto se hizo por Cataluña y Aragón, donde nos tocaba cruzar el desierto en plena tarde y sin aire acondicionado. Sin tabletas ni otros sistemas con los que hoy los chavales matan las horas, nosotros pasábamos el tiempo cantando, jugando, comiendo algún helado y sobretodo destrozando la paciencia de mis padres a base de preguntas y quejas. Hasta que llegaba la entrada en España y el momento de buscar los toros, los de Osborne (producto que por entonces ni conocíamos: para nosotros eran los toros y punto, como si los hubiera colocado el Estado para caracterizar sus carreteras). Ese era el método que tenían papá y mamá para gozar de una tregua mientras nos concentrábamos examinando el paisaje para dar con esa forma negra gigante que reinaba majestuosa en los altos y montes de la ruta. Íbamos contando los toros y era un reto detectar la siguiente valla. Recuerdo la imagen de mi hermanito, todavía con ese pelo rubio ondulado que tenía de niño, estirando el cuello y levantando la barbilla para echar la vista por la ventanilla del coche. Algún año más tarde, al sacar mi padre una botella del famoso brandy, me percaté de la presencia de ese mismo toro y le comenté a mi madre “mira, el toro de España”. Y ella asintió, con esa generosidad que caracteriza a los padres frente a la inocencia de los hijos: “es verdad, han puesto uno pequeñito”. El toro de Osborne cumple 60 años. Nunca he sido consumidor de la marca, pero le debo (así como al artista Manolo Prieto que creó la figura) el recuerdo imborrable de una época en la que todo era posible, cuando empezó a forjarse la pasión por estas tierras para nosotros lejanas y cuando la aventura no había hecho más que empezar.

Falcone, el Estado contra la mafia

Ese día de abril del 2012 había quedado con Carme Chacón en la ciudad italiana de Génova. La habían invitado a los 120 años del Partido Socialista Italiano y ella amablemente me llamó para estar allí con ella. Bajé en coche desde Suiza y llegué con antelación. A poca distancia de la sala de cine en la que se celebraba el acto, entré en un restaurante en el que no había nadie, ya que no era hora.

Tomé asiento en una mesa y mientras me preparaban el plato, me detuve en las fotos que colgaban de las paredes. Tenían varias del juez Giovanni Falcone, que la mafia asesinó hace mañana 25 años con 400 kilos de explosivos que reventaron un tramo de autopista en Capaci al pasar su vehículo. Siempre he tenido una gran admiración por ese señor a raíz de su batalla por el Estado y el país de mi padre: al inaugurar mi blog en 2006, puse una frase suya en mi página de perfil, que llevo 11 años manteniendo publicada.

El camarero se acerca con el plato y le pregunto el motivo de tanta foto de Falcone. Me contesta: “Ud. no es de aquí, ¿verdad? Verá, el juez venía mucho a este restaurante”. Mientras voy cortando la chuleta a la milanesa, le pregunto: “¿Y dónde se sentaba?” A lo cual el hombre contesta: “Aquí mismo donde se ha sentado Ud.”

Partido político busca secretario/-a general

Un trabajador que busca empleo y plantea su candidatura a ocupar un puesto ofertado conoce la necesidad de corresponder al mayor número de características del perfil deseado. El empleador anhela que la persona que vaya a contratar esté en las mejores disposiciones posibles para ser operativa cuanto antes. En esto, ayuda que la persona ya haya desempeñado funciones similares y pueda exhibir buenos resultados cosechados. Así es como se desarrollan procesos de selección que desembocan en la satisfacción por parte del dador de empleo como de la persona reclutada.

La elección a la Secretaría General del PSOE es un proceso al que se le puede aplicar un procedimiento análogo. El empleador somos los militantes, que en este caso componemos el cuerpo electoral que va a actuar como jurado.

El liderazgo de un partido político requiere de un perfil que responda a numerosas exigencias y ello nos lleva, de entrada, a reconocer la valentía de las personas que se presentan a unas primarias, que no optan a vacaciones pagadas ni a un viaje en crucero. En la oferta virtual de empleo para la Secretaría General del PSOE, veríamos los siguientes puntos (la lista no pretende ser exhaustiva):

  • Demostrada capacidad de ganar elecciones en la actualidad
  • Capacidad de liderazgo, motivación y cohesión de equipos pluridisciplinares y multiculturales
  • Capacidad de empatía (entiéndase: capacidad de respetar a los suyos y considerarlos con sensibilidad, para poder así respetar y considerar a la ciudadanía)
  • Demostrada capacidad de afrontar con éxito situaciones de crisis
  • Elevadas aptitudes de comunicación y divulgación
  • Carácter negociador

Para proceder a la selección en el caso de la Secretaría General del PSOE, la conocida trayectoria pública de los tres candidatos con más posibilidades nos permite puntuarles en cada exigencia en base a la experiencia que tenemos de ellos. Cada militante puede hacerlo a título personal.

Lo he hecho, basándome también en experiencias vividas puertas adentro y que inevitablemente contribuyen a formar criterio. Mi conclusión es favorable a Susana Díaz, que en esta ocasión más corresponde al perfil. Podría dar los detalles de la puntuación y justificarlos mediante comentarios. Pero desde la óptica del compañerismo y el respeto a los demás candidatos, no me parece bien escribir nada que vaya en contra de ellos. Este proceso debe desembocar en algo positivo: el actual momento está destinado a la futura buena marcha del organismo dador de empleo y en ese objetivo ha de enfocarse. Para eso se realiza la selección.

En definitiva, lo recomendable y sensato es medir las reflexiones, manifestar opiniones y apoyos constructivos, evitando tratar a compañeros como enemigos. Si la capacidad de cohesión, la empatía y la aptitud a afrontar situaciones de crisis son puntos necesarios para el perfil que buscamos, es preferible que los candidatos den fe de dichos rasgos desde ahora, cuando estamos en la tesitura más delicada. Y por supuesto, al igual que se lo pedimos a ellos, también hemos de actuar con respeto quienes tenemos que juzgarles.

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