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Semáforo abierto para Marco Ferrara

¡Mira, un toro!

Uno de los recuerdos de infancia más presentes que tengo en este momento del año son los viajes en coche que hacíamos de Suiza a Zamora con motivo de las vacaciones de verano. En nuestra alejada comarca rural, el vehículo sigue siendo hoy por hoy indispensable. Y en aquella época de los ochenta, el avión más el alquiler de un automóvil durante 4 semanas era una locura que la economía familiar no podía permitirse. Así que el viaje duraba unas 17 horas que se hacían eternas, a pesar de lo bien que corría el Alfa Romeo rojo de mi padre. Los últimos años antes de cambiarnos a la solución más cómoda del avión y del coche en España, pasábamos por Euskadi. Pero de toda la vida el trayecto se hizo por Cataluña y Aragón, donde nos tocaba cruzar el desierto en plena tarde y sin aire acondicionado. Sin tabletas ni otros sistemas con los que hoy los chavales matan las horas, nosotros pasábamos el tiempo cantando, jugando, comiendo algún helado y sobretodo destrozando la paciencia de mis padres a base de preguntas y quejas. Hasta que llegaba la entrada en España y el momento de buscar los toros, los de Osborne (producto que por entonces ni conocíamos: para nosotros eran los toros y punto, como si los hubiera colocado el Estado para caracterizar sus carreteras). Ese era el método que tenían papá y mamá para gozar de una tregua mientras nos concentrábamos examinando el paisaje para dar con esa forma negra gigante que reinaba majestuosa en los altos y montes de la ruta. Íbamos contando los toros y era un reto detectar la siguiente valla. Recuerdo la imagen de mi hermanito, todavía con ese pelo rubio ondulado que tenía de niño, estirando el cuello y levantando la barbilla para echar la vista por la ventanilla del coche. Algún año más tarde, al sacar mi padre una botella del famoso brandy, me percaté de la presencia de ese mismo toro y le comenté a mi madre “mira, el toro de España”. Y ella asintió, con esa generosidad que caracteriza a los padres frente a la inocencia de los hijos: “es verdad, han puesto uno pequeñito”. El toro de Osborne cumple 60 años. Nunca he sido consumidor de la marca, pero le debo (así como al artista Manolo Prieto que creó la figura) el recuerdo imborrable de una época en la que todo era posible, cuando empezó a forjarse la pasión por estas tierras para nosotros lejanas y cuando la aventura no había hecho más que empezar.

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Falcone, el Estado contra la mafia

Ese día de abril del 2012 había quedado con Carme Chacón en la ciudad italiana de Génova. La habían invitado a los 120 años del Partido Socialista Italiano y ella amablemente me llamó para estar allí con ella. Bajé en coche desde Suiza y llegué con antelación. A poca distancia de la sala de cine en la que se celebraba el acto, entré en un restaurante en el que no había nadie, ya que no era hora.

Tomé asiento en una mesa y mientras me preparaban el plato, me detuve en las fotos que colgaban de las paredes. Tenían varias del juez Giovanni Falcone, que la mafia asesinó hace mañana 25 años con 400 kilos de explosivos que reventaron un tramo de autopista en Capaci al pasar su vehículo. Siempre he tenido una gran admiración por ese señor a raíz de su batalla por el Estado y el país de mi padre: al inaugurar mi blog en 2006, puse una frase suya en mi página de perfil, que llevo 11 años manteniendo publicada.

El camarero se acerca con el plato y le pregunto el motivo de tanta foto de Falcone. Me contesta: “Ud. no es de aquí, ¿verdad? Verá, el juez venía mucho a este restaurante”. Mientras voy cortando la chuleta a la milanesa, le pregunto: “¿Y dónde se sentaba?” A lo cual el hombre contesta: “Aquí mismo donde se ha sentado Ud.”

Partido político busca secretario/-a general

Un trabajador que busca empleo y plantea su candidatura a ocupar un puesto ofertado conoce la necesidad de corresponder al mayor número de características del perfil deseado. El empleador anhela que la persona que vaya a contratar esté en las mejores disposiciones posibles para ser operativa cuanto antes. En esto, ayuda que la persona ya haya desempeñado funciones similares y pueda exhibir buenos resultados cosechados. Así es como se desarrollan procesos de selección que desembocan en la satisfacción por parte del dador de empleo como de la persona reclutada.

La elección a la Secretaría General del PSOE es un proceso al que se le puede aplicar un procedimiento análogo. El empleador somos los militantes, que en este caso componemos el cuerpo electoral que va a actuar como jurado.

El liderazgo de un partido político requiere de un perfil que responda a numerosas exigencias y ello nos lleva, de entrada, a reconocer la valentía de las personas que se presentan a unas primarias, que no optan a vacaciones pagadas ni a un viaje en crucero. En la oferta virtual de empleo para la Secretaría General del PSOE, veríamos los siguientes puntos (la lista no pretende ser exhaustiva):

  • Demostrada capacidad de ganar elecciones en la actualidad
  • Capacidad de liderazgo, motivación y cohesión de equipos pluridisciplinares y multiculturales
  • Capacidad de empatía (entiéndase: capacidad de respetar a los suyos y considerarlos con sensibilidad, para poder así respetar y considerar a la ciudadanía)
  • Demostrada capacidad de afrontar con éxito situaciones de crisis
  • Elevadas aptitudes de comunicación y divulgación
  • Carácter negociador

Para proceder a la selección en el caso de la Secretaría General del PSOE, la conocida trayectoria pública de los tres candidatos con más posibilidades nos permite puntuarles en cada exigencia en base a la experiencia que tenemos de ellos. Cada militante puede hacerlo a título personal.

Lo he hecho, basándome también en experiencias vividas puertas adentro y que inevitablemente contribuyen a formar criterio. Mi conclusión es favorable a Susana Díaz, que en esta ocasión más corresponde al perfil. Podría dar los detalles de la puntuación y justificarlos mediante comentarios. Pero desde la óptica del compañerismo y el respeto a los demás candidatos, no me parece bien escribir nada que vaya en contra de ellos. Este proceso debe desembocar en algo positivo: el actual momento está destinado a la futura buena marcha del organismo dador de empleo y en ese objetivo ha de enfocarse. Para eso se realiza la selección.

En definitiva, lo recomendable y sensato es medir las reflexiones, manifestar opiniones y apoyos constructivos, evitando tratar a compañeros como enemigos. Si la capacidad de cohesión, la empatía y la aptitud a afrontar situaciones de crisis son puntos necesarios para el perfil que buscamos, es preferible que los candidatos den fe de dichos rasgos desde ahora, cuando estamos en la tesitura más delicada. Y por supuesto, al igual que se lo pedimos a ellos, también hemos de actuar con respeto quienes tenemos que juzgarles.

Se me hace imposible decirte adiós, Carme

“Hay que ser buena gente, pero sobretodo gente buena”. Eso nos decías con convicción, Carme, en las reuniones en las que preparábamos tu candidatura del 2012 a la Secretaría General del PSOE. Entonces se perdió una gran oportunidad con una de las mejores políticas que tuvo este país. Compartíamos ideas, compromiso y también dudas. Eras cercana y muy inteligente. En el partido has sabido prestar consideración a quienes desde la tercera fila no estábamos acostumbrados en recibirla, por muy nobles que fueran nuestras batallas. Andando por la calle en Ginebra, me decías que vivías cada día como un regalo, a sabiendas de que tu corazón al revés te podía frenar de repente. Y así te nos has ido, sin avisar.

Ayer, volviendo de tu semanita americana dando clases en Miami, sacabas una foto del cielo volando sobre el océano rumbo Madrid: tenías ganas de casa, ganas de mar y muchas ganas de ver a tu hijo Miquel, en el que pienso hoy. Nunca te olvidaremos, Carme. Se me hace imposible decirte adiós, querida amiga. Anochece y va a ser duro para nosotros, pero nos queda la inmensidad de tu ejemplo, de tu valía y de tu amistad a prueba de corazón.

Relato de la guerra sucia del PP en contra del PSM

Esa noche, el calendario marca 25 de mayo de 2003. El PP acaba de perder la mayoría absoluta en las elecciones regionales madrileñas. Un PSOE impulsado por primera vez por Zapatero se prepara a que su candidato Rafael Simancas se convierta en presidente autonómico con el apoyo de IU. Habrá un cambio concreto en todos los ámbitos de la vida pública y se acabarán negocios para muchos amigos del PP. La derecha no lo admite: tras una probable corrupción, dos diputados de la lista de Simancas se ausentan e impiden la investidura del presidente progresista. Ante al bloqueo, se repiten las elecciones y el PP recupera su mayoría absoluta.

El partido de Aguirre toma nota del susto del 2003 y se arma en consecuencia. Frente a un PSM que llega a la cita electoral del 2007 con propuestas como la gratuidad del abono transportes para jóvenes y mayores, la derecha saca la artillería pesada y tira de billetera: hoy desvela la SER, una década más tarde, que el PP usó 6 millones de euros en vez de los 2,7 que declaró. Financió su campaña con más del doble del límite de dinero permitido por el Tribunal de Cuentas y ese dopaje tuvo un resultado en las urnas: el PP consigue un porcentaje histórico de votos en la Comunidad de Madrid, que se traduce en escaños en la Asamblea regional y de allí en poder para Aguirre. Simancas tira la toalla.

A nivel nacional, el Gobierno de Zapatero endurece la ley de financiación de partidos y se complican las donaciones. En el PP de Madrid la fiesta no se detiene: van a ser más discretos, pero van a seguir haciendo trampa.

En 2011, para evitar la progresión de un PSM rearmado con el nuevo líder Tomás Gómez, el PP de Aguirre retoma su método de guerra sucia y vuelve a aprovecharse de más de 1 millón de euros de dinero negro. Nuevamente compite en situación de superioridad. Así consolida su mayoría absoluta, con la que asegura ingresos privados exprimiendo áreas tan vitales como la sanidad, en la que Gómez iba a hacer limpieza.

He hecho pan

Anoche me dio por hacer pan. Es la primera vez en la vida. Busco en internet una receta original y encuentro una con aceite de nuez. Me llama la atención este último ingrediente, ya que tengo un frasco que me regalaron y que no estoy utilizando. Así pues, al tener todas las cosas necesarias, sin más demora me arremango.

Toca amasar ese montón, que tiene la misma poca gracia que un enorme elástico pegajoso: bien vale para una asquerosa peli de monstruos. Empiezo a amasar. Amaso más. No es fácil. De hecho nunca acaba. ¡Uff, que calor! Es como ir al gimnasio. Me acuerdo de mi madre, que a base de tal ejercicio casero siempre mantiene la forma que antaño nos desaconsejaba plantarle cara. Me acuerdo del pan que hacía cuando éramos niños, lo rico que era y los desayunos que disfrutábamos con esa delicia. Imagino que el mío será igualmente sabroso, aunque esta receta diga de hornearlo en un molde.

La masa sube tanto que alcanza para dos moldes grandes y dos pequeños. Es verdad que es una receta familiar, pero una vez enfriado, guardaré gran parte en el congelador y mi elevado consumo de pan apreciará el producto en cosa de pocos días. Es difícil resisitir a la tentación de probarlo nada más salido del horno.

Esta mañana, despierto en mi piso que todavía huele a pan y la sensación me es agradable. Preparo la mesa con ilusión. Saco un tarro de mi mermelada casera de albaricoque. Saco otro tarro de miel que compro cada año en mi tierra de Zamora y que se combina maravillosamente con la mantequilla suiza. Un vaso de zumo de melocotón y adelante. Puede empezar la ceremonia. Corto el pan. Tiene un aspecto estupendo. Pienso con orgullo infantil que tocará enseñárselo a mis padres. La textura es esponjosa, parece increíble que lo haya hecho yo. Unto la mantequilla, le paso una capa de mermelada y… “¡Para, para!”, pienso. Antes, hay que probarlo sin nada. Empieza pues la cata. Y de repente, me cambia la cara radicalmente. Se me olvidó la sal.

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