Max

Ayer, navegando por internet, topé con el siguiente titular de noticia: “Muere el cerdo de Clooney”. Como también le tuvo que pasar a otras personas, en un primer segundo, la frase me causó tremendas dudas. ¿Ha muerto el actor George Clooney? No lo sabía. Que poco se comentó. Y en tal circunstancia, ¿como pueden autorizarse el extremo de llamarle “cerdo”?

Sobretodo, uno no sabía de la posesión de un cerdo por parte del actor estadounidense. Y por lo tanto no identificó, a primera vista, el verdadero enfoque de la noticia: el animal. Max –así se llamaba la mascota– convivió con la estrella a lo largo de 18 años. El cerdo, de unos 130 kilos, vivía con George Clooney en su residencia situada sobre las lomas de Hollywood (la residencia de Clooney, y no del cerdo, que quede claro). Parece que el animal no será sustituido por otro cerdo, dicen en la noticia, ya que Clooney declaró: “¡Max cubrió todas mis necesidades de cerdo!”. Me pareció esencial indicarlo. Aunque ahora me surja otra pregunta: ¿cuales serían esas necesidades de cerdo?

Anuncios