Yo no conocía las llamadas empresas filatélicas, que no nombraré, pero que todos identificamos a raíz de lo ocurrido este año con sellos que presuntamente debían producir capital. Esas entidades, las conocí cuando saltó el escándalo. Meses después, me enteré que entre los afectados había amigos mios. Y me pareció increíble que se pudiera haber confiado en tal sistema. Como antiguo coleccionista de sellos, sé que la rareza es la gran fuente de valor de ese material. Y que de ninguna manera los sellos pueden “producir” lo que sea. Los sellos tienen valor, algunos más que otros, pero no son como la bolsa, ni mucho menos. No tiene nada que ver. Y el que lo afirme está engañando burdamente a la gente.

Cada semana recibo correos electrónicos en los cuales algunos afectados por la estafa critican al Gobierno y le responsabilizan de la pérdida de sus ahorros. Piden que el Estado les indemnice. Lo cual me parece escandaloso, porque el Estado somos todos, también los que no tenemos nada que ver con el error comercial.

Sobre la política del Gobierno, se podrá discrepar o no. Pero lo que no se le puede reprochar al Gobierno, es de aplicar la ley. Al Gobierno le corresponde una función de control. Al actual, del PSOE, como al anterior, del PP. El caso es que en la época del PP, nadie se atrevió a poner punto final a lo que posteriormente se desarrolló en desastrosa cascada de líos. El grupo de afectados evolucionó: de los ya clientes de las empresas, pasó a extenderse a los nuevos clientes, nuevos afectados. Estas últimas personas no hubieran sido victimas si alguien había parado a tiempo la actividad de las empresas que las engañaron.

El actual Gobierno cumplió, como debe ser, con su tarea. Hay afectados, claro que los hay, lamentablemente. Pero cabe subrayar con total claridad y firmeza que el daño no lo ha causado el Gobierno, sino las empresas privadas. Y también diré que los afectados tienen parte de la culpa. Ellos han decidido libremente y sin obligación “invertir” (entre comillas, porque claro está que no es una inversión) en esas operaciones. Ellos son responsables del uso de su propio capital. Si ellos son los beneficiarios cuando la operación resulta favorable, ellos también deben saber ser los afectados si la operación fracasa. Así es el sistema comercial. Y quien participa en él, lo acepta y acata implícitamente. Aquí, ocurre que los clientes han metido la pata, pero no quieren ser responsables de ello. Por feo que parezca decirlo, es así. La gente debe ser madura, aunque cueste. Y debe tener la decencia de no reclamar que el resto de la ciudadanía le pague sus errores privados.

Si el Estado indemniza a los afectados, todos los ciudadanos pagaremos errores que no hemos cometido, errores que han cometido unos pocos.

El caso es que, si esto no había salido mal y los clientes habían ganado dinero, probablemente les parecería injusto que otros muchos (los demás ciudadanos de España) le reclamaran una repartición de las ganancias. Si uno gana, no quiere compartir. Así pues, siguiendo la misma lógica, si pierde, debe aceptarlo y no exigir lo que no pude exigir. Será feo decirlo, pero justo.

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