Pinochet

Le ha llegado su hora, al criminal. Por fin, ayer, el mundo se ha liberado de un indeseable que en los últimos años marcó la actualidad por su cobarde lucha en contra de su juicio.

Augusto Pinochet, que se hizo con el poder en Chile en 1973, tras traicionar y eliminar al presidente democrático Salvador Allende en el marco de un golpe de Estado, dirigió el país con mano de hierro hasta 1990. Torturó y asesinó a un número bárbaro de ciudadanos. Conozco a uno de ellos, que sigue hoy en día con una cicatriz en la cara. Para él, como para muchos, los crímenes de Pinochet no pasarán al olvido.

Sabemos que no tendrá funeral de Estado. A la gran mayoría nos parece lógico y correcto. No debería tener ni honores militares. La gran mayoría lamentamos que el dictador haya muerto sin pasar por sentencia de la Justicia, sin pagar sus crímenes. No servirá de mucho consuelo, pero puede ser útil recordar que en España, cuando el dictador Franco murió, sin fuerzas y con el régimen agotado, seguía en el cómodo poder.

Anuncios