Paloma

El 30 de diciembre, ETA puso fin a su tregua, iniciada el 22 de marzo de 2006. Causó las dos primeras muertes desde 2003. La bomba en la T4 de Barajas pulverizó el proceso de paz que el Gobierno había iniciado, con autorización del Parlamento y apoyo ciudadano. La tregua duró 9 meses y 8 días.

¿Que ha pasado? Echemos un vistazo al retrovisor. Puede ser útil.

En mayo, el Parlamento dio el visto bueno al Gobierno para buscar la paz, tras el anuncio de tregua indefinida realizado por ETA en marzo. En junio, el PP, contrario al diálogo que sin embargo practicó cuando gobernaba, rompió el habitual apoyo de la oposición al Gobierno en materia antiterrorista. Esa ayuda que nunca le ha faltado a Felipe González ni a José María Aznar. Pero sí a José Luis Rodríguez Zapatero, que no pudo confiar en la oposición. A pesar de esta dificultad, el presidente anunció en una declaración institucional, el 29 de junio, la apertura del proceso de paz. El PP, débil, desleal, obsesionado por propiciar el fracaso de Zapatero donde sea y pasando por encima de los muertos (como en el 11-M), optó por la estrategia de alarmar en permanencia a la opinión pública, que a pesar de todo confió en el proceso. El PP presionó al Gobierno en el Parlamento, para que la alarma no abandonara la primera línea en los medios de comunicación, por lo tanto en la opinión pública. Fomentó la aprensión y la duda en el campo de los demócratas, en la base ciudadana. Y los medios mantuvieron un ritmo que el Gobierno, a través del ministro del Interior, declaró no poder seguir. Porque un problema tan grande, que duró de un gobierno para otro, no se solucionaría de un día para otro.

Actor que tampoco ayudó, la Asociación de víctimas del terrorismo se metió en contra del Gobierno, a través de manifestaciones cómplices del PP. Como si la paz dañara a la propia asociación. La AVT, politizada al máximo y descrita por la prensa internacional como “manipulada por los conservadores”, ha perdido toda independencia y credibilidad. Días después del atentado de Barajas, ha demostrado su verdadera cara, organizando concentraciones repletas de insultos a Zapatero, como si el presidente tuviera la culpa de la bomba. En lugar de silenciosas, como siempre tras un atentado.

Hablando de actores, la ilegalizada Batasuna ha sido otro. Considerada como altavoz de ETA, parece serlo cada vez menos. Diseñándose ETA como un actor a parte. Visto lo visto, la influencia de Batasuna sobre la banda no es la que se pensaba. Tras el atentado, Arnaldo Otegi ha expresado su solidaridad con los afectados y su deseo de que se encontrara el entonces único desaparecido en el lugar de la explosión. No es una condena, pero es un paso. Otegi, que evidentemente no controla a las bases de ETA, tuvo que tensar su discurso días atrás para recuperar terreno en ese entorno. Pero el entorno, desconectado, interpretó las palabras del dirigente abertzale como un visto bueno al endurecimiento de ETA, que deseaba. Vano pero llamativo ha sido el intento de Otegi, tras el atentado, de salvaguardar la vía abierta.

¿Que hace falta a partir de ahora?

En 1999, cuando la tregua de ETA se rompió, el entonces líder del PSOE, Joaquín Almunia, se puso al lado del Gobierno del PP para avanzar juntos hacia la paz. Rajoy debería hacer lo mismo, ahora, con el Gobierno del PSOE. No lo hará, en línea con su equivocada y gravísima actitud que, queramos o no, resulta ser un problema de mayor calado al intentar la paz.

En la AVT, han de desmarcarse del PP y plantearse como gran objetivo su desaparición, actuando en consecuencia. Me explico: todos los demócratas deseamos que llegue el día en el cual no haya más víctimas del terrorismo. Y entre los demócratas tengo el deseo de incluir a los miembros de la AVT. Pero ellos deben darse cuenta de la problemática contradicción que salpica su acción: dicen actuar por las victimas, pero no hacen nada para que no se incremente el número. No cabe anteponer su futuro como asociación o como dirigente (político) a vidas que aún no han sido enfocadas por el terrorismo pero que podrán serlo si no hay paz.

Por parte del mundo abertzale, parece necesario recuperar orden y consenso interno, para difundir un inequívoco mensaje positivo a través de portavoces dotados de margen de acción. Tras los acuerdos de Irlanda del Norte, las milicias católicas (IRA) y protestantes depositaron sus armas. Pero algunos milicianos rechazaron la idea y fomentaron atentados en contra de la represión oficial. Hace falta pues inyectar una buena dosis de unidad y paciencia en las bases de ETA. Al mismo tiempo que resulta preciso, en el entorno, un nuevo análisis de la situación española y vasca, notando oportunamente que, desde que se creó la banda, se ha producido una considerable evolución política. Un editorial europeo del 1 de enero decía que las bases de ETA vivían bien de lo que recaudaban por extorsión. Y que el fin de la violencia les obligaría a buscar empleo y rutina. Terroristas, en definitiva, más gángsteres que revolucionarios.

En resumen, hace falta que varios actores den su brazo a torcer. En cuanto a los demás protagonistas, necesitan de mucha calma y ánimos. La situación no es irreversible. Llevamos meses recordando que el proceso será “largo, duro y difícil”. ¿A caso a alguien se le ha olvidado la palabra “difícil”? El último drama era casi imaginable. Hay que superarlo, aprendiendo por ello de los fallos de la concluida fase.

Volveré a subrayar lo que ya dije en anteriores ocasiones: hace falta menos ruido mediático entorno a toda negociación, que ha de realizarse sin luz y taquígrafos. Y cuanto más importante sea una negociación, menos conocimiento público debe haber de ella. Ante un eventual nuevo proceso, seamos todos más participes. En ambas partes de la mesa, las bases deberán aceptar quedar detrás de la puerta cerrada, sin eco del diálogo. Para que nada les incite a presionar a sus representantes en un u otro sentido. Es el precio a pagar. Un precio elevado, más que nada por ser incompatible con la curiosidad humana. No porque las bases pierdan mucho. La entera sociedad, compuesta por buenos y malos, deberá animarse, desde la madurez. Cuando esté preparada, se abrirá con éxito una nueva era para todos.

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