Manifestación PP-AVT 03.02.2007

Ya está bien. Estoy cansado de ver manifestaciones del PP-AVT cargadas de banderas españolas a la hora de atacar al Gobierno. Al final de la manifestación de ayer en Madrid, el PP ha ido aún más lejos. Usó el himno nacional, violando la ley que el propio gobierno Aznar elaboró en 1997 y que señala que procede usar el himno en actos con presencia del Rey, del presidente del Gobierno, en determinadas manifestaciones deportivas o en momentos en los que se representase “la unidad de todos”. Pero ayer, como en anteriores ocasiones, no había unidad de todos, ni mucho menos.

Nunca en la historia de la democracia española una manifestación de estas características había concluido con el himno nacional. La derecha usa símbolos del Estado para atacar a una institución del propio Estado. Afortunadamente, desde el PSOE, Diego López Garrido no dejó de lado este asqueroso robo: acusó al PP de “apropiarse” del himno nacional. Coincido plenamente. El objetivo del PP era claramente un uso partidario y sectario del himno, algo propio de actitudes autoritarias. Ya era hora de denunciar tal intento extremista de excluir a muchos de símbolos que son de todos.

El PP cree ser el dueño de España, de su bandera y de su himno. Al igual que, en el pasado, pensó serlo Franco. La derecha radical es así y no cambia. Pero el himno, como la bandera de España, es un símbolo que es de todos los españoles, de una u otra sensibilidad política.

Entiendo que el PP esté incómodo con su logotipo de la gaviota, más impopular que popular. Entiendo que, en su actual deriva extremista, el PP ya no se atreva a identificarse valientemente con sus siglas. Y que precise de símbolos fuertes para protegerse y aglutinar. Pero su incomodidad con su imagen no justifica que intente hacerse con la que nos une a todos. Es como si el inquilino de un piso infecto se apropiara de las escaleras del edificio.

El PP grita mucho usando la palabra España. Pero el PP no es España, ni se le parece. Usa a España en beneficio propio, pero no hace nada por ella. Esa es la gran diferencia con el PSOE, un partido al cual no se le llena la boca de España, pero que, sin recibir lecciones de nadie, al menos supo colocarla en sus siglas.

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