No puedo callar ante la enormidad profesada ayer por el descerebrado José María Aznar, en un mitin, en Calatayud. Aznar advirtió de que en las elecciones del 27 de mayo “cada voto que no vaya al PP será un voto para que ETA esté en las instituciones”. Tanto él como su PP están obsesionados por ETA. Quizás porque siguen pensando que ETA les ha fallado entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Están obsesionados, a tal punto que propician que la banda, por primera vez, se imponga en el debate electoral. Escandalosa actitud, para un partido que pretende ser alternativa de gobierno y por lo tanto serio, civilizado y leal a la democracia.

En realidad, al señor Aznar, habría que replicarle lo siguiente: cada voto que vaya al PP será un voto para destrozar las instituciones. Aznar lo sabe y se ríe.

Sin embargo, en las vociferaciones de ayer del ex presidente del Gobierno, lo más insensato fue cuando el individuo acusó a Zapatero de llevar a España a la situación que arrastró a la Guerra civil: “lo que nos condujo a lo peor de nuestra historia es el esquema que se quiere repetir”. Está loco. Invierte la situación y acusa al PSOE de lo que precisamente está haciendo el PP.

Hace 70 años, señor Aznar, no existía ETA. Pero lo que sí existía, era una derecha extremista, fascista y golpista, muy similar a la que tenemos hoy bajo las siglas “PP”.

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