Rajoy quiere ser como Nicolas Sarkosy y Angela Merkel. Así que enviará a sus colaboradores a París y Berlín, para que tomen nota de los consejos que le den los equipos conservadores que dirigen ambos países. La primera cosa que dirán los colaboradores de Sarkosy a los de Rajoy, es que antes de la campaña electoral, el nuevo presidente francés ya era muy popular en Francia, así como en su propio partido, la UMP. Rajoy nunca lo ha sido, no lo es, ni parece que lo vaya a ser: ni en su partido, ni en España. También le dirán que el liderazgo en el PS francés era flojo y que, además, su comunicación carecía de calidad. En el PSOE, el liderazgo de Zapatero es fuerte. Y la comunicación de las más avanzadas y modernas de Europa.

En Berlín, lo que les dirán los asesores de Merkel a los del PP es que Alemania estaba en una mala situación económica y que precisaba de reformas difíciles de realizar, cosa que le costó la cancillería al socialdemócrata Gerhard Schröder. Le recordarán que Merkel es una moderada, que su CDU no gobierna sola, sino que lo hace en unión con el SPD de Schröder. Rajoy no es un moderado: no es pues capaz de un pacto de similar alcance, porque su partido precisamente es el único con el cual ya nadie quiere pactar, por radical, testarudo y mandón. A parte de ser el partido que más ha criticado todos los gobiernos surgidos de acuerdos entre varios.

Cuando vuelvan a Madrid, los colaboradores de Rajoy no traerán nada útil en sus maletas. Para que el PP no se niegue a reembolsarles el viaje, tendrán que prever algo que a Rajoy le parezca bien, un regalito, como una carta de saludo de un dirigente de derechas que sí llegó al poder. O se inventarán algo. Esto no les será difícil, a los asesores del PP, ya que en ese partido, lo que mejor se les da, es precisamente la mentira.

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