Hoy, en el Debate sobre el estado de la Nación, he escuchado a un Rajoy vacío de contenido. Una situación que no supone ninguna novedad, pero que esta vez ha sido más patente que nunca. El todavía líder de la oposición se embadurnó en el tema del terrorismo, hasta pidiendo que el Gobierno sacara actas de sus presuntas reuniones con ETA. Completamente ridículo. En sus 3 años de oposición, el presidente del PP se centró siempre en lo más indecente.

Un auténtico disco rayado, el de Rajoy. Cree que lo que más importó a la opinión pública durante estos años ha sido la negociación del Gobierno con ETA. Eso es lo que más importó a la gente, según el jefe del PP. Ni los avances sociales, ni las nuevas libertades y nuevos derechos, ni la gestión económica, ni el dialogo parlamentario, ni la recuperación del prestigio internacional, ni el pluralismo informativo, ni el compromiso con el medio ambiente, ni las nuevas autopistas y trenes de alta velocidad. Mientras el Gobierno trabajó para sacar adelante una amplia batería de nuevas leyes para los ciudadanos, Rajoy no hizo más que criticar vilmente todo lo que surgía, hasta lo que no tenía derecho a criticar.

Tuvo la nauseabunda hipocresía de decir que apoyó al gobierno en contra de ETA. ¿Pero cómo se atreve? ¡Si no ha hecho más que poner palos en las ruedas! ¿A quién quiere engañar de forma tan torpe? Entre los líderes presentes en el hemiciclo, el único que apoyó al Gobierno en contra de ETA es el actual presidente del Gobierno cuando era jefe de la oposición. Bien se lo dijo Zapatero a Rajoy: “es Ud. el único líder político que ha pedido explicaciones a un Gobierno sobre el terrorismo”. Y sabemos lo que esto implica, en términos de éxito de una negociación que, por definición, requería toda la discreción del mundo hasta la cosecha de sus resultados. Coincido con Zapatero: cuando se tiene que recurrir solo al terrorismo y a ETA, es que nada se tiene que decir a los españoles, es que no hay ningún proyecto.

Y retomaré esta otra frase del presidente del Gobierno, que me parece muy oportuna: “en materia de terrorismo, hacer oposición, es hacer oposición al Estado”. Piénselo algunos.

“Es Ud. un paréntesis. Su tiempo se ha acabado y lo ha desperdiciado. Se le recordará a Ud. por la mentira, la división entre los ciudadanos, la farsa, la ilusión del fraude. Ud. carece de crédito. No está en condiciones para defenderse con su palabra. No incremente los problemas de los españoles. No les cause problemas innecesarios”. Parece increíble que estas palabras hayan podido ser dirigidas a Zapatero por un Rajoy al que, precisamente, se le puede achacar todo esto con mayor acierto y más que a ningún otro.

Rajoy habló como actúa desde hace 3 años: en tono “faltón”, con estilo despreciativo. Se lo dijo el líder socialista, pero lo pensaron hasta algunos moderados del PP.

Me gustó que Zapatero le hiciera notar a Rajoy que el PP quiere el voto de los socialistas en Navarra para seguir gobernando en la Comunidad Foral. “¿Quiere el apoyo de los que traicionaron a las victimas?”, le lanzó Zapatero, en referencia a las acusaciones del PP al PSOE sobre la política antiterrorista. Es evidente que lo que quiere el PP, es el poder otra vez en Navarra. El poder, solo el poder, y nada más. Cueste lo que cuesta alcanzarlo. El jefe del Ejecutivo le informó al de la oposición que este apoyo en Navarra le costará al PP una profunda rectificación, porque la dignidad de los socialistas, que perdimos a mucha gente en atentados de ETA, está muy por encima de cualquier interés político y de partido.

Acabo. En Suiza, donde la prensa es bastante más neutral y moderada que en España, una oposición como la de Rajoy, cargada de descalificación gratuita, de graves mentiras y sin propuestas alternativas, habría sido abofeteada de forma fulminante y unánime por los editoriales, a causa de su impresionante y completa estupidez.

“Este es el discurso más doloroso que he pronunciado en mi vida”, dijo Rajoy al final de su turno apocalíptico. Será porque es el último que hace como jefe de la oposición. Tras su próxima derrota en las elecciones generales, ya no tendrá ni la presidencia del PP para amarrarse al ridículo.

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