Hablando de su compañero de partido y alcalde de Madrid, por el cual siente un odio intestinal, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha dicho hoy: “Hay muchas veces que Alberto está más guapo callado, por ejemplo cuando habla de las listas. Que ha dicho el presidente (Rajoy) que no hablemos de las listas”. Según recoge El País, Aguirre ha apostillado que, contrariamente a Gallardón, ella es más disciplinada en ese sentido y no comenta el asunto: “Yo no voy a hablar de las listas porque yo sí soy muy disciplinada”. Entonces, ¿que diablos está haciendo al mencionarlas? ¿Eso no es hablar de las listas? Si no lo es, en todo caso, tiene el mismo efecto: llevar a primera línea el debate sobre la inclusión o no del más moderado que ella Alberto Ruiz-Gallardón en la candidatura del PP a las elecciones generales de 2008. Y de paso, darme una buena oportunidad de tratar el asunto, que aún no comenté en este blog.

En la entrevista de Punto Radio a la que se refiere El País, Aguirre ha negado tener con el alcalde madrileño una relación “de amor-odio” y pensó que la creeríamos cuando caracterizó la vinculación de “fraternal” o, incluso, “maternal”… ¿De veras, maternal? Verá, señora Aguirre, a mí, mi madre no me dice que estoy más guapo callado. Más bien al contrario: suele estar encantada de escucharme, y en todo caso siempre respeta mi opinión y mi derecho a expresarme libremente. Quizás, señora Aguirre, sus padres no le hayan reservado el mismo trato, antaño. En todo caso, ahora sabrá que ser liberal –como hasta la saciedad repite Ud. que es– es ante todo respetar la libertad de los demás a no estar callado, más que esa presunta libertad de no pagar impuestos que defiende Ud. para los ricos…

La cuestión es sencilla, en el fondo. Aunque nada esté ganado, ni mucho menos, todo parece apuntar a que Zapatero y el PSOE revalidarán mayoría en marzo y que, por consecuente, Rajoy y el PP perderán las elecciones. En tales circunstancias, el equipo de la derecha, derrotado por segunda vez consecutiva, no podría seguir adelante una legislatura más, ya que su partido no le dejaría. Las varias alas del PP se disputarían la dirección nacional, dividiéndose entre sus dos caras más visibles: Aguirre por un lado y Gallardón por el otro. Si la presidenta de la Comunidad de Madrid dispone de cierta ventaja gracias a que preside el PP de Madrid y dispone del control absolutista de Telemadrid (que le viene bien para moldear a su medida radical el pensamiento de los suyos), su “amigo” alcalde, de lograr un escaño de diputado, no sólo conseguiría una mayor mediatización a nivel nacional, sino que incluso, una vez elegido presidente del PP, ya estaría presente físicamente en el Congreso y no necesitaría a ningún portavoz para enfrentarse directamente al presidente del Gobierno, Zapatero. Sólo por esta razón Gallardón quiere ser diputado desde ahora, no para ayudar a Rajoy. Lo cual explica que Rajoy dude en incluirle en las listas y aprovechar los votos que le pueda aportar. El alcalde de Madrid quiere situarse en la mejor posición primero para llevar a cabo la batalla interna, y en segundo lugar para la carrera 2012 a la Moncloa, si logra tumbar a Aguirre para suceder a Rajoy.

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