Muy provechoso, el debate de anoche en TVE, “Tengo una pregunta para usted”, con Gaspar Llamazares (IU), Josep Antoni Duran Lleida (CiU) y Josep-Lluís Carod-Rovira (ERC). Me gustó la respuesta de Llamazares sobre la Memoria histórica, cuando recordó que “hay demócratas españoles que liberaron París y en España están en las cunetas”. Hizo bien en subrayar que tanto en Italia como en Alemania, las sociedades han sabido reconocer el error que supuso la dictadura: creo yo que estos países alcanzaron una madurez y sensatez que aún faltan a una parte de España.

Me interesó el debate entre Duran Lleida y la señora Rachida, ama de casa marroquí que lamentaba la discriminación que sufren sus hijas por llevar el velo musulmán, a pesar de haber nacido en España y sentirse españolas. Creo que el diputado catalán tuvo el valor de defender lo que pensaba, aunque el debate es difícil. Rachida debe ser una madre que, como todas las demás, quiere defender en lo posible a sus hijas de ataques exteriores. Pero quizá el mejor modo de hacerlo sería luchar por que sus culturas admitieran avances y optaran por la plena integración en las demás sociedades. Duran Lleida tuvo razón al pedirle a la señora que reflexionase sobre como debería vestirse su mujer, catalana, al irse a vivir a uno de los países en los cuales el velo es obligatorio para ellas. ¿Podría ir sin velo? Los españoles que históricamente emigraron tuvieron que respetar las varias culturas en las cuales desembarcaron, para bien y para mal. Hoy, al viajar, deben seguir respetando los demás. Pero el respeto debe ser mutuo. Si queremos convivencia en España, es lógicamente necesario que los que actualmente inmigran a nuestro país sepan valorar la importancia de adaptarse a la tierra de acogida, que les quiere, pero que exige a los nuevos llegados que acepten la cultura del país. También se trata de alcanzar una mayor tasa de igualdad, no solo entre españoles y extranjeros, sino además entre hombres y mujeres. Dejando, por supuesto, que las mujeres elijan como desean vestirse, pero no permitiendo nunca que la cultura de su país de origen presione directa u indirectamente sobre ellas en cuanto a su forma de comportarse en una tierra distinta, donde la socialización es otra. Duran dijo que si llevar el velo solo era justificado por razones de religión, lo aceptaba. Veréis, soy socialista y tengo la misma valoración que Duran; pero si por meros motivos de religión debemos enfrentarnos dos culturas, eso no lo acepto. Pongo las demás exigencias de integración y respeto mutuo por encima.

Para acabar, quiero decir que me sentí indignado como castellano-leonés por la mala imagen que dieron nuestros representantes del público, ante Carod-Rovira, intentando imponer que este político se deje llamar Don José Luis en vez de Josep-Lluís. Me parece ridículo y estúpido, y no pude evitar de relacionar este comportamiento con el nacionalismo español del PP, que es irrespetuoso, pero que no representa al 100% de los castellano-leoneses. Yo, por ejemplo, me llamo Marco, porque así lo acordaron mis progenitores, a propuesta de mi padre, italiano. Ni en Suiza me llaman Marc, ni en España (incluida Castilla y León) me llaman Marcos. La gente respeta mi nombre, tal como es, porque por esto comienza el respeto integral hacia la persona y su identidad. Otra cosa ha sido el debate sobre la exigencia, en Cataluña, de conocer los dos idiomas para estudiar allí. Es cierto que resulta provechoso conocer el idioma del lugar adonde uno va. Pero si hay dos idiomas oficiales, con uno de ellos debería ser suficiente, más aún cuando se trata del idioma que tenemos en común y que no pretende excluir al otro. Por otra parte, también es cierto que si en Castilla y León no se sabe hablar catalán, será porque, contrariamente a Alemania (como subrayó Carod), no se imparte catalán en sus escuelas. Mientras sí se da el inglés, por ejemplo. En este sentido, es un fallo que los castellano-leoneses deben reprochar a la Junta de Castilla y León, no a la Generalitat de Catalunya. En Suiza, país federal más descentralizado que España, se hablan cuatro idiomas, según las zonas. En cada zona puedes aprender los idiomas de las demás zonas, posibilidad que no ofrece Castilla y León. Si un estudiante de Zurich (habla alemana) quiere venir a Lausana, le basta conque sepa desenvolverse un poco en francés y entender lo que dice el profesor. No se le pide ningún certificado de habla francesa: el francés, ya lo aprenderá poco a poco, con gusto, sin que nadie se lo imponga como condición inicial. En España, entre Castilla y León y Cataluña, la primera debería ser más respetuosa por la diversidad española y ser menos nacionalista centralista, y la segunda intentar no dar alas con exigencias académicas innecesarias a los que la critican injustamente.

VIDEOS: grabaciones del programa aquí

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