Hoy asistí a un coloquio sobre la prensa española en la Universidad de Lausana. Entre otros participantes, el reportero de La Vanguardia Bru Rovira me llamó la atención al comentar el recuerdo que tenía de sus primeros contactos con Suiza, cuando tenía unos diez años. Siendo joven viajaba a este país desde Cataluña en uno de esos trenes de entonces, que se paraba en la frontera, obligando los pasajeros a bajarse y saltar a otro coche en plena noche, ya que el ancho de vía español no permitía a los trenes de Renfe circular en el resto de Europa. El convoy seguía luego su camino hacia Suiza, durante la noche. Y los ánimos eran pocos: a Suiza se la conocía como país frío (no sólo en el clima), como país racista. Cuando tocaba la hora de comer, los trabajadores secaban las lagrimas y degustaban el cocido que les habían preparado en España, así como el chorizo y el jamón que las mujeres les habían dado para aguantar los primero días. Llegados a Ginebra, había dos colas: la de los españoles y la de los demás. A los españoles se les tenía que quitar esos jamones y chorizos que llevaban con ellos. Nuestros trabajadores no hablaban francés y no entendían por qué se les quitaba el jamón. No sabían que en Suiza estaba prohibido importar carne de cerdo desde España. Bru Rovira recordó hoy con humor que en esas circunstancias, los españoles solo veían una cosa: que los gendarmes cogían los jamones. Yo me eché a reír, en ese momento, como el resto de la sala. Lo que acababa de comentar el periodista nos sonaba a algo conocido. Nos lo habían contado nuestros padres, o lo habíamos vivido. Mi sonrisa fue acompañada por el recuerdo de lo que me había ocurrido a mi también: tenía esos mismos diez añitos cuando en Ginebra, esta vez en automóvil, los aduaneros nos quitaron un jamón que queríamos pasar al volver de nuestras vacaciones en España. Entonces, inexperto que era, no me gustaba el jamón. Pero me entristecí al ver que un policía nos quitaba la paletilla que nos había dado mi abuela, mi querida yaya enferma de cáncer, que horas antes había despedido por última vez con lagrimas en los ojos.

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