Su última actuación antes de ser coronado Rey de la Comedia, el pasado sábado, no ha sido su mejor momento en el escenario del programa de TVE. Ni menos la penúltima, que tuvo lugar minutos antes. Rober Bodegas (Roberto Fernández), estudiante coruñés de 25 años que no da acabada su carrera de arquitectura de interiores, ha sido sin embargo el más brillante humorista del concurso. Su acento descompletado divirtió a España (del territorio como del exterior) y despertó el orgullo de muchos de sus convecinos gallegos. Ha analizado las relaciones con su madre cuando llega borracho a casa, ha hecho una incursión en el mundo de los lácteos y ha hablado de lo “bien” que se come en las universidades. También ha narrado las aventuras que pasa un estudiante dentro del autobús que le lleva a la Universidad de A Coruña.

El programa no era nuevo. Pero su presencia en TVE, tras algunos retoques conceptuales, ha sido de lo más acertada, en mi opinión. Si quedas un sábado noche en casa, al menos que el programa de entretenimiento en la tele pública sea de un nivel que estimule tu cerebro, quedando a la vez al alcance de todos y que mantenga el público fiel a la cadena. Me gusta cuando TVE me hace reír. Ha cambiado mucho, Televisión Española, desde que las urnas echaron al PP del sillón gubernamental. Hasta en los programas de diversión, hemos dejado de lado lo bobo. Ahora, lo que queda por hacer, creo, es acabar con algún programa de corazón que infecta las pantallas. Pero con la audiencia que arrastra, no sé quien se atreverá. Antes de acabar, sobre el Rey de la Comedia, también hay que hacer una mención especial a Alex Barredo, Jesús Cañete y Tomás García. David Amaya tampoco estuvo mal.

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