El presidente Zapatero ha aprovechado ayer el último debate celebrado en el Congreso de los Diputados para despedirse de varios parlamentarios que no seguirán en la Cámara Baja en la próxima legislatura. Entre estos diputados está José Antonio Labordeta (Zaragoza, 10.03.1935), digno representante de la Chunta Aragonesista. Según relata la prensa, Zapatero le expresó entre aplausos su “cariño”, terminando así sus palabras al diputado saliente: “Siempre he tenido una debilidad especial por Labordeta, es conocida; ha sido un testimonio antes de entrar en la Cámara, un testimonio de ejemplo con este Gobierno, con su tierra; ha sido un referente para mucha gente que sabe lo que ha sido luchar para conquistar la democracia. Gracias, señor Labordeta”.

Quiero decir que, aún sin conocerle personalmente, también me cae bien este señor. Llevo varios años pensando que es un demócrata fiel a la libertad y a democracia, notando que nunca ahorra esfuerzos a la hora de expresar claramente lo que opina. Me gusta su actitud. En ella, creo, reside la clave de su éxito. Recuerdo esa formidable respuesta que supo dar, en marzo de 2003, cuando fue interrumpido por la bancada del PP mientras pedía explicaciones al entonces gobierno Aznar en el Parlamento. Los mandó a la mierda. Y un año después, ya tras la victoria del PSOE, el diputado aragonés recolocó a un diputado del PP que le hacía gestos mientras hablaba. Le preguntó: “¿qué haces tú con el puño cerrado? Si el puño cerrado lo tengo yo, tío, yo voy con el puño cerrado y con dignidad, no me lo cierres tú, gilipollas”, dijo. Echaré de menos este orador inconfundible, esta delicia de diputado, ciudadano sincero y leal al país por el que siempre luchó.

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