La Iglesia española fomenta la ira hacia el Gobierno del PSOE

Estoy absolutamente indignado. Soy católico, practicante, pero como muchos otros, no me identifico en absoluto con la repugnante actitud de la Iglesia católica española, que se está moviendo como una institución radical y extremista, en contra del espíritu democrático, alzándose cada poco en contra de la política surgida de las urnas por voluntad del pueblo.

Hace un rato, en Madrid, en el acto “Por la familia cristiana”, convocado –como no– por el cardenal ultra-conservador Antonio María Rouco Varela, el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, calentó el ambiente al tomar la palabra el primero para criticar “la cultura del laicismo”, que ha calificado como “un fraude” que “sólo conduce a la desesperción por el camino del aborto, el divorcio express y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes”, y por lo que “nos dirigimos a la disolución de la democracia”, según relata la prensa. Después ha tomado la palabra el cardenal y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, que ha asegurado que la familia está bajo “amenezas claras y ataques de gran calado”, que suponen un “ataque grave para el futuro de la sociedad”.

Para hacer masa y criticar a Zapatero, Rouco ha traído a Madrid autobuses hasta de Portugal. Mediante una videoconferencia con el Vaticano, organiza e implica al Papa, jefe de Estado extranjero, en su ataque a la democracia española. La Iglesia española, en vía de putrefacción, está fomentando la intromisión de intereses extranjeros en la política interior de España.

Esta toma de posición política de la Iglesia, completamente inoportuna, es una constante desde que gobierna Zapatero. La Iglesia española ha salido de sus límites hace tiempo, predicando en su multitud de parroquias la ira ‘teocons’ hacia las políticas sociales de progreso impulsadas por el Gobierno democrático del PSOE. Una ira que se justifica por el hecho que un pueblo en progreso, un pueblo cada día más educado y preparado, es un pueblo dotado de capacidad de reflexión, capacidad crítica y por lo tanto capacidad de contestar y rechazar los métodos arcaicos de una institución casposa que no representa a todos los católicos y se ha olvidado por completo de los intereses de los más débiles y de las ovejas perdidas, que ha apartado de su camino en su afán opositor al Gobierno socialista.

Exijo a la Iglesia española que rectifique su actitud nauseabunda. El otro día, el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, justificó nada menos que la pederastia, acusando a los menores de “provocar”. Hoy, la institución eclesiástica, en vez de pedir disculpas por tales abominables declaraciones, vuelve a cargar en contra de la política surgida de las urnas. En los países francófonos hay una expresión que dice “Diviser pour mieux regner”. No recuerdo su versión española, pero sería algo de tipo “Dividir para reinar mejor”. Es exactamente lo que está haciendo la Iglesia española: quiere dividir a España para hacerse de nuevo con ella, como cuando la tenía atrasada, atemorizada y a su mando, en época de la Reconquista o bajo la dictadura franquista.

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