Bien lo sabe la policía, las primeras horas son cruciales en la búsqueda de personas secuestradas. En particular cuando se trata de niños. En España, hay 200 casos de menores sin resolver, que son catalogados como “de alto riesgo”, ya que son desaparecidos en contra de su voluntad y detrás de cada caso se esconde un delito de secuestro, violación, asesinato.

Un estudio realizado en EE.UU. en 1993 puso de relieve que de 621 secuestros de menores que se acabaron por un homicidio, el 44% de los niños han sido asesinados en la primera hora, el 74% lo ha sido durante las tres primeras horas y el 91% en las 24 horas posteriores al secuestro.

Para arrinconar a los secuestradores y conseguir mayores cuotas de éxito en la búsqueda del secuestrado, Estados-Unidos y Francia han puesto en marcha sus respectivos planes “Amber Altert” (1996) y “Alerte enlèvement” (2006), que se basan en la emisión de una alerta audiovisual en los medios de comunicación. Un llamamiento a la colaboración ciudadana que no falla, ya que por razones naturales existe un gran rechazo popular hacia los secuestros de menores y un potente asco por los secuestradores, que se plasma en una especial y concreta vigilancia de la población por las calles del país. Los medios participantes emiten la alerta cada cuarto de hora, durante tres horas, al igual que las entidades de transporte público a través de sus altavoces y pantallas.

Tras el éxito de su plan, que ha sido puesto en marcha en cuatro ocasiones y en las cuatro con resultados positivos, el Gobierno francés ha propuesto la implantación de un tal sistema en todos los países de la UE. Creo que España podría adelantarse y crear una Alerta desaparición de carácter estatal, que pondría más que nunca la comunicación al servicio de la vida humana y del futuro.

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