Prodi en el Senado italiano, el 24.01.2008 

Se lo han cepillado una vez más, tras apenas veinte meses de gobierno. El hemiciclo era el mismo, la situación era la misma, las caras eran las mismas, aunque un poco más envejecidas. Hace unos diez años, en octubre en 1998, Romano Prodi se veía echar encima en el Senado italiano el resultado levemente desfavorable de una moción de confianza, a raíz de la salida de algunos comunistas de la coalición de izquierdas que había derrotado a Berlusconi en abril de 1996. Esta vez, el traidor ha sido distinto. Esta vez, ha sido el ala más centrista de la coalición la que dio la espantada. A pesar de una muy amplia mayoría favorable a Prodi en la Cámara de los Diputados, los 161 votos en contra (156 a favor) del Senado han podido con él. El pequeño Udeur, liderado por Clemente Mastella, ex ministro de Justicia de Prodi, dejó al primer ministro sin esos escasos tres senadores necesarios para la mayoría en la cámara alta. Mastella, que salió del Gobierno estos días a raíz de un caso de corrupción que salpica a su mujer, ha actuado de forma rencorosa. Quería que Prodi le sacara las castañas del fuego a su familia. Pero Prodi, negándose a actuar de forma sucia, le habrá pedido que confíe en la Justicia de la cual el propio Mastella había sido ministro. Y el senador Mastella se vengó.

Italia necesita de una reforma electoral que elimine la fragmentación parlamentaria actual. Es imposible gobernar seriamente un país en el que existen más de veinte fuerzas parlamentarias. El propio Silvio Berlusconi, líder de la derecha, cayó tras pocos meses de su primer gobierno iniciado en 1994. A Prodi le sucedió lo mismo en 1998 y le vuelve a suceder en 2008. El próximo gobierno, sea cual sea, correrá el mismo riesgo. Es necesario que el presidente de la República, Giorgio Napolitano, logre de los líderes de partido que se forme un gobierno de transición compuesto por las grandes formaciones de izquierdas y derechas, y capaz de llevar a cabo la reforma sin que pequeños partidos amenazados puedan hacerle caer al retirar su apoyo.

En 1998, Prodi había conseguido llevar Italia al euro. Esta vez, en menos tiempo de gobierno, enderezó la catastrófica situación económica del país dejada por el poco serio Berlusconi, saneó el balance y respondió a las exigencias de la Unión Europea, logrando hasta la felicitación del comisario Joaquín Almunia. Como prioridad, puso el tren en las vías antes de correr. Pero una vez más, no le dejaron más que arrancar ese tren, para quitárselo ahora que volvía a funcionar. Es indecente y plasma la falta de responsabilidad de algunos minoritarios, aprovechados del sistema.

En la anterior ocasión, Prodi inició su remontada con su nombramiento a la Presidencia de la Comisión Europea, en 1999, y consecuente camino lleno de éxito en la UE. Hoy, una posibilidad de similar alcance parece complicada. El “professore” tiene 68 años. En las izquierdas, saben que es el único capaz de ganar a Berlusconi en elecciones. Pero Prodi ya no dará la batalla por una coalición que le falla y en un sistema tan inseguro. Me duele que las ambiciones de poder de todos se hayan cargado a un político de corte tan excepcional.

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