Acabo de seguir el debate electoral a siete bandas en TVE. Una vez más, me indignó la hipocresía del PP. No ha apoyado al Gobierno del PSOE en ningún momento en la tarea de acabar con ETA. No le hizo porque no le dio la gana. Claramente, porque le molestaba profundamente y visceralmente la idea de ver solucionado el tema de ETA bajo un gobierno que no fuera el suyo. Ellos negociaron con ETA, ellos fracasaron en su día, con Aznar a la cabeza. El representante del PP en el debate de esta noche, Esteban González Pons, llamando todo el rato a estar juntos el 10 de marzo, en contra de ETA, ha sido de lo más indecente. Zapatero, en la oposición, apoyó al entonces gobierno del PP sin poner la más mínima condición. Siempre. El PP aprovechó este apoyo y negoció con los terroristas, acercando presos al País Vasco a cambio de no se sabe qué. Ahora que creen tener posibilidades de volver a gobernar, tras haber hecho de todo para propiciar el fracaso del proceso de paz abierto por Zapatero con apoyo del Parlamento (por primera vez en la historia), quieren colocarse de nuevo en una situación de acuerdo entre partidos. ¿Para qué, si no es para negociar? Llamando a estar juntos en la mesa, no me cabe la menor duda: la intención del PP, de ganar, es estar en condiciones de intentar la paz con el apoyo del PSOE. El PP quiere negociar. Y sabiendo lo que vale la palabra del PP, ¿quién se va a creer aquello de Rajoy, que dice que no lo hará? Si Rajoy el cobarde no se ha atrevido ni a dejar claro lo que haría con el agua entre Aragón y el Levante, ni con el matrimonio homosexual. ¿Cómo va el PP a desvelar sus intenciones en política antiterrorista tras la legislatura que ha protagonizado con su doble moral?

Tras decir que el socialista Ramón Jáuregui estuvo oportunamente equilibrado y presente en todos los temas, quiero dedicar dos palabras al representante de Coalición Canaria, Fernando Bañolas. Con su rollo, leyendo sus papeles hasta en la coma, aburrió a las cabras con un enfoque político que no salía de sus islas. Tiene derecho a defender lo suyo, pero se pasó: demostró una falta de visión global de los asuntos que forman nuestro cuotidiano estatal. En cuanto a Jordi Jané, de CiU, me decepcionó al querer hablar de “los problemas reales de la gente”, en términos demagógicos. A ratos, parecía Rajoy, para el cual la gente es boba, no concibe la implicación de la totalidad de los asuntos y solo entiende cuando se le habla de dinero e intereses que no van inmediatamente más allá de lo estrictamente individual.

Anuncios