Zapatero-Rajoy, segundo debate en televisión

Siguieron el entierro 11.756.000 personas, cifra que corresponde a un 55,2% de cuota de audiencia. El segundo debate televisado Zapatero-Rajoy centró la atención de un público levemente inferior a la primera cita, la semana pasada. Pero ha plasmado una diferencia más contundente entre candidatos. Zapatero ha tumbado a Rajoy. Por eso lo del entierro. El líder del PSOE se merendó al del PP de forma neta, hablando de propuestas, comprometiéndose públicamente ante los ciudadanos y considerando el futuro con credibilidad, cuando el candidato del PP se quedó en lo de siempre, perdiéndose en sus contradicciones, graves errores y catastrofismo. Todos los sondeos concedieron una victoria arrolladora a Zapatero.

Gran diferencia entre los dos, aquella que todos vimos en directo, cuando Zapatero se comprometió a apoyar sin condiciones la política antiterrorista del gobierno que surja de las urnas este domingo. Frente a este anuncio del PSOE, quedó clara la intención de Rajoy de seguir explotando la vía con fines partidistas, negando el apoyo sin condiciones y empecinándose así en la ruptura de la trayectoria de unión incondicional con el Gobierno respetada por todos y cada uno de sus antecesores en la jefatura de la oposición cuando de estrategia antiterrorista se trataba. Con Zapatero, hubo 64 veces menos fallecidos (4 en toda la legislatura) que con el PP (254 asesinados), pero esto el PP no lo tolera como argumento: dice que se utiliza a los muertos. Y yo digo que negando su apoyo, el PP utiliza algo peor: los muertos que quedan por venir.

Las formas también dicen mucho. Rajoy bajaba la mirada cuando sabía que mentía. El candidato del PP evitó fijar a su adversario a los ojos en aquellos momentos en los que la falsedad era más patente. Y Zapatero, al que no se le escapó esta actitud de Rajoy, le clavó la mirada con aún más intensidad, dejándolo frito en su aceite de vergüenza.

En el plano general final, me llamó la atención la cantidad de papeles tirados al suelo de forma desordenada detrás de la silla de Rajoy, contrastando con el orden que rodeaba a Zapatero. Esos papeles tirados al suelo por Rajoy en un lugar que él pensaba lejos del ojo de la cámara eran ilustrativos de la situación: un candidato que se vende como el mejor, más claro, más eficaz y más ordenado, es en realidad el más siniestro. Como aquel presumido que va tieso como un palo, diciendo ser el que cuenta la verdad, pero que una vez bajado el telón se quita la faja, deja caer la panza y evidencia así que lo que presentó solo ha sido pura falacia.

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