Llevaba enfermo desde el domingo, bajo antibióticos. Probablemente por el agotamiento de la campaña, que me pilló unos días más tarde entre fiebres y leches, una vez bajada la adrenalina. Anoche, tenía programado un concierto de Cali, aquí en Lausana. A eso de las cinco y media de la tarde, aún medio muerto, decido que las bacterias no podrán conmigo y no me quitarán el merecido disfrute del concierto. Me tomé unas pastillas y salimos mi chica y yo hacia el coche. No sabía si aguantaría de pie toda la noche, pero a medida que pasaban los minutos y desfilaban las canciones, me notaba más en forma. Y así fue el concierto: una autentica terapia de energía. Hoy estoy renovado, a tal punto que ahora saldré a hacer un poco de deporte. Bendita música.

 

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