Hay gente capaz de todo con tal de atraer al público infantil. Recuerdo que cuando yo era pequeño, los programas para menores eran pacíficos. Las cosas han cambiado. Imagino a los niños de hoy viendo el anuncio de Gali el aligator, atónitos ante la pantalla: el hermanito pequeño en pijama azul de una sola pieza, llorando sobre su osito, desconsolado. Y la hermana de 5 años que, acostumbrada a este mundo de locos, se parte de la risa saltando en el sofá mientas la madre habla por teléfono y el padre se toma una caña en el bar.

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