Mariano Fernández BermejoNo me sabe bien, pero lo acepto. Que el ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo haya anunciado hoy su dimisión me entristece. En varias ocasiones he manifestado mi especial simpatía por este miembro del Gobierno, que tenía la valentía de hablar alto y claro, al igual que el talento de dejar al PP y pensadores de la derecha sin argumentos. El ministro caía bien en la base. Sabía contestar con agilidad y cerrar el pico a la pájara adversaria. En calle Génova ya se montan bailes para festejar esta salida del Ejecutivo: habían pedido la cabeza de Bermejo de manera constante, desde el primerísimo día, hace dos años, y esto les suena a victoria dentro de un mar de problemas internos.

Si Bermejo se fue simplemente por participar en una cacería, ¿que deberán hacer los imputados del PP por corrupción? La derecha explotó hasta la saciedad este episodio cinegético con el fin de tapar la multitud de escándalos que le salpican y ahogan desde hace unos días. ¿Quién dimitirá por el espionaje interno en la Comunidad de Madrid presidida por Esperanza Aguirre? ¿Quién dimitirá por la corrupción en filas del PP de Madrid y Valencia? ¿Pagará su delito de fraude fiscal el que fuera durante unas horas candidato del PP gallego a conselleiro de Economía, Luis Carrera? Es obvio que el Partido Popular tiene un problema serio: si ayer iba de predicador anticorrupción, hoy va a tener que responder de sus escándalos no sólo en su propia parroquia sino ante la sociedad entera.

Buena suerte a Francisco Caamaño, hasta ahora secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, que sustituirá a Bermejo. Queda trabajo interesante por delante para el nuevo titular, que en su tierra gallega consideran brillante jurista. Si resulta algo incorrecto por parte de los jueces el hecho de montar una huelga bajo el Gobierno más generoso con ellos, tienen razón cuando piden una necesaria modernización de la Justicia española.

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También habla de esto el analista Juan Cruz.

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