Emilio Pérez Touriño ha dimitido como secretario xeral del PSdeG. Sabe que dentro de cuatro años, sus posibilidades no serán iguales a las de esta ocasión. Su edad empezaría a ser un problema para muchos. Pero hay más que eso: cuando estás gobernando, se supone que tienes la ventaja del poder, que te permite elaborar un proyecto de mayor calidad, con respuesta a todo. Perder la Xunta después de un solo mandato es un palo muy duro. Sobretodo cuando has actuado siempre con honestidad y responsabilidad. Touriño nunca quiso mirar debajo de las alfombras, al llegar a la Presidencia, en 2005. No quiso meter caña a al anterior gestión, del PP de Fraga. Pensó que había que empezar desde cero, limpiamente. Y eso le honra. Pero sus adversarios no juegan en la misma línea. Entre mentiras (como que los socialistas iban a robar las tierras de la gente), manipulación (contactos del PP con juntas electorales) y tonterías (que el presidente se haya comprado un nuevo coche en plena crisis, olvidando casualmente que Fraga había tenido hasta cinco), el PP ha recuperado la mayoría absoluta que le permitirá mandar solo, única forma para gobernar Galicia que tiene esta derecha.

El PSdeG cometió varios errores. Primero, gobernó durante tres años dejando el partido a su suerte, teniendo al número uno y al número dos implicados en la Xunta, mientras el PP se dedicaba a recuperar terreno precisamente en el terreno. Os ahorro una serie de otros errores que a pesar de ser muy secundarios, pasan factura al ser sumados. Ya en las elecciones, la candidatura socialista salió con un exceso de confianza en la gestión de Touriño. Pero faltaba ese esencial factor de movilización. Ya no había Prestige para escandalizar y movilizar a la sociedad por encima de las diferencias ideológicas. Al máximo ocurrió el caso de evasión fiscal del cabeza de lista del PP por Ourense. Y los escándalos de corrupción que salpican actualmente al PP a nivel nacional, desde sus gobiernos autonómicos en Madrid y Valencia. Pero el único que dimitió estos días fue el ministro de Justicia del Gobierno socialista de España. Y cometimos el error de aceptar su dimisión, claramente innecesaria ya que ir a cazar no ha de ser pecado mortal, como tampoco el aceptar que se investiguen los presuntos casos de corrupción del PP. Desde Suiza, he leído en la prensa internacional que el ministro “había dimitido por no saber gestionar un escándalo de corrupción”: si hasta los periodistas extranjeros con calificación no entienden lo que ha ocurrido, ¿cómo iba a entenderlo la abuelita en la aldea? ¿Y que ha de pensar el cazador Lambda: que está cometiendo algo escandaloso?

Lo siento por Touriño, que ha sido demasiado correcto en una campaña demasiado sucia, donde el PP puso toda la carne en el asador para acusar al presidente saliente de un despilfarro que en realidad no existía para nada. Emilio afrontó esta campaña en plena crisis mundial, que afecta también a Galicia. Es normal que no se imagine ahora liderando de nuevo la oposición, cuando ya lo hizo durante varios años antes de ser presidente. Un abrazo a él y a los socialistas gallegos: ahora, os toca levantar cabeza para encontrar un nuevo líder, joven, inteligente y carismático. Y trabajar a fondo, en piña. Demostraréis en cuatro años que hay un proyecto mejor para Galicia que el de la derecha de siempre. Observaréis como el PP no logra hacerlo mejor que el PSOE para aguantar la crisis. Tendréis propuestas. Estaréis en la calle y en los pueblos. Y además, entonces, lograréis escandalizaros ante los gastos de restaurante de Núñez Feijóo pagados con la tarjeta de crédito de todos los gallegos.

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