Hace cuatro años, cuando el socialista Emilio Pérez Touriño formó gobierno en Galicia, apostó por reducir el número de consellerías y consideró innecesario mantener todo un departamento de primer nivel para el área de Emigración. Los gallegos en el exterior seguirían siendo un colectivo de crucial interés para la Xunta, pero las políticas a ellos destinadas se diseñarían desde una Secretaría Xeral en vez de la Consellería existente hasta entonces bajo mando del PP. Eso sí, la Secretaría Xeral de Emigración dependería directamente de la Presidencia de la Xunta. Y así fue: Touriño confió en Manuel Luis Rodríguez para desempeñar esa responsabilidad. Volvamos a ese verano del 2005 para recordar un detalle…

Nada más empezar a correr el ruido de cambio en la estructura destinada a los residentes en el extranjero, saltaron varias voces críticas: desde el PP, el entonces diputado autonómico Bragaña no entendía “que en Galicia se baje el rango [del departamento de Emigración] cuando el Gobierno central le ha dado la categoría de Secretaría de Estado”. Y sostenía que en la etapa anterior, con un conselleiro (Aurelio Miras Portugal), había habido “más visibilidad”. Al mismo tiempo, varios presidentes de centros gallegos en el exterior manifestaron públicamente su preocupación, como podemos comprobar en recortes de prensa de la época.

Hoy, el nuevo gobierno regional gallego vuelve a ser dirigido por el PP, aunque esta vez el presidente se llame “Feijó09” y no “Don Manuel”. ¿Dónde está la Consellería tan llorada entonces? Si su partido criticó entonces la transformación de la Consellería de Emigración en Secretaría Xeral, Feijóo ha decidido ahora mantener la estructura introducida por el PSdeG-PSOE, limitándose a cambiar el responsable. ¿Le habrá parecido a Feijóo más eficaz la Secretaría Xeral del PSOE que la Consellería del PP? En todo caso observo que ya nadie abre la boca para criticar la permanencia del rango de Secretaría Xeral. Será que en 2005 los socialistas acertamos, y que la Secretaría Xeral lo hizo bien a lo largo de los cuatro años. Aunque no lo diga, el propio Feijóo lo reconoce de facto.

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