“Limitar el calentamiento climático supone transformar en profundidad la sociedad industrial, sustituyendo las energías fósiles, que constituyeron su sangre hasta hoy, por energías renovables, que todavía no están a punto. Esta meta exige también la restitución al bosque de inmensos territorios que le han sido sustraídos por la agricultura y la ganadería. La tarea va a salir cara, muy cara. En inversiones en investigación como en medidas de adaptación. Queda por determinar el destinatario de la factura. Tal es la cuestión central de la conferencia de Copenhague. Una cuestión que ha dejado de ser tabú desde que muchos han entendido que la operación también podía traer gordos beneficios. La transición a una nueva economía, la economía verde, promete enormes provechos a quienes sabrán negociarla en el buen momento.” Estas líneas de explicación, oportunas en el actual contexto, nos las ofrece el prestigioso diario suizo Le Temps en su edición de hoy, en un artículo publicado bajo el título “Todos contra el calentamiento global”. Resulta saludable que la prensa internacional esté sacando estos días páginas especiales sobre la necesidad de operar cambios para ir hacia una economía sostenible. Resulta saludable en un momento en el que, en algún país que bien conozco, el gobierno ha sido responsable al proponer una Ley de Economía Sostenible y la oposición no ha encontrado nada más inteligente que burlarse de ella.

La conferencia de Copenhague de la semana próxima está pensada para desembocar en el relevo del famoso protocolo de Kyoto, que en 1998 marcó límites a las emisiones de gases de efecto invernadero y que expira en 2012. El objetivo es de no sobrepasar la barra de esos 2 grados de calentamiento global que cambiarían el rostro del planeta. Amenazados de desaparición, los pequeños estado insulares hasta militan por fijar el valor en 1,5 grados. Si el debate es complicado de ilustrar con consecuencias concretas de lo que supondría ese medio grado de diferencia, algunos expertos se muestran especialmente claros en la preocupación. Según Reto Knutti, del Instituto de investigación sobre la atmósfera y el clima del Politécnico federal de Zurich, “limitar el calentamiento a 2 grados posiblemente sea lo mejor que podamos alcanzar y, al mismo tiempo, lo peor que podamos todavía tolerar”.

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