Aprieta el sol en el monte árido y callado
Arrodillado me encuentro tan súbitamente
¿Dónde está la peña en la que he tropezado?

Sin respuesta queda quien ha sido diligente
Manos ya clavadas al pie de la azabara
Alcanzadas por el sudor que gotea de la cara

Cierro con rabia estas palmas heridas
Penetradas y abrasadas por arenas perdidas
De la tierra agarro un puñado ardiente

Mi propia voz manda ser resistente
En el pie me apoyo para levantarme
Corre la sangre, sea apenas un adarme

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