Últimamente, expresiones como “todos son iguales”, “todo el mundo a chupar del bote” o “no hay pan para tanto chorizo” están circulando más que nunca en referencia a los políticos. No sé si considerarme político, pero en todo caso dedico parte de mi tiempo libre a la política. Y debo reconocer que me molestan profundamente tales acusaciones gratuitas que nos ponen a todos en el mismo balde. Es cierto que en política hay aprovechados, chorizos, inútiles, enchufados y caciques. Pero no creo que sean más numerosos que en otros campos. La política acaba siendo un reflejo de la sociedad: al fin y al cabo, tenemos el patio político que merecemos. Para daros una idea de que no todo es sentarse en un sillón a fumar puros y tocarse la… barba, el domingo pasado he sacado unas fotos para dar testimonio de un día de reunión estándar de un miembro de la dirección del PSOE Europa.

Lausana (Suiza), domingo 5 de junio, 04:00 horas. El despertador me sacude al cabo de tres pobres horas de descanso. La noche anterior cené con amigos y tuve que despedirme el primero para asumir el día que empieza ahora. Un zumo, una ducha y a la calle. Dentro de seis horas arranca en Bruselas una reunión de la Comisión Ejecutiva del PSOE Europa.

04:29. No hay metro ni bus, a estas horas. Pero la ciudad es compacta y andando se alcanza la estación en unos minutos. En el PSOE Europa procuramos evitar los gastos de taxi: bastante tenemos con los del avión (que no existen en otras federaciones). Por la calle no hay nadie.

04:37. Llego al andén 4 de la estación de ferrocarril. El tren de las 4:48 es un regional que para en cada pueblo. Pero si quiero llegar a tiempo al aeropuerto de Ginebra, no tengo más remedio que viajar junto con los “alegres cadáveres” que regresan de farra.

05:51. Salgo de la estación del aeropuerto de Ginebra, rumbo a la terminal. Veo que han cambiado el logotipo del aeropuerto: no está mal.

06:02. Acabo de pasar el control. Ha ido bastante rápido. Mi puerta de embarque es la A1, en la extremidad de la terminal.

06:06. Me siento en una butaca situada frente a la pista. Las persianas que han colocado no dejan apreciar el paraje. Aunque salta a la vista que el aeropuerto está lleno de aviones de una famosa compañía naranja de bajo coste. De hecho, viajaré en uno de esos. El ahorro para el partido es importante y aplico a rajatabla la norma de “viajar de la forma más económica posible” a la hora de sacar el billete (por cierto, el billete me lo saco yo mismo, solito, como toda la gente normal).

07:10. El Airbus entra en pista. El despegue previsto para las 06:55 se ha retrasado un poco, pero tengo margen y no me importa.

09:13. Bruselas, estación central. Acabo de llegar con el “Airport express”, un tren obsoleto, feo y sucio de la compañía belga de ferrocarril (nada que ver con el transporte público ejemplar que tenemos en España para conectar una capital con su aeropuerto). No acierto para nada al meterme en el primer rincón que veo para desayunar algo: el café es un asco. Y con la m… de palillo de plástico que te dan ahora en vez de una cuchara, o pasas la hora dándole vueltas al caldo, o te quemas la lengua. Opto por quemarme.

09:29. Paso delante de la sede del Partido Socialista belga, en la que celebramos en 2004 el 7 Congreso del PSOE Europa. Para llegar al lugar de la reunión, podía haberme bajado en la estación sur (“Midi”) de Bruselas. Pero me apetecía darme un paseo también por avenidas más agradables que las que rodean la sede socialista española.

09:47. Llego a la calle Ropsy Chaudron. En el número 7b está la sede de la agrupación local del PSOE en Bruselas, que de paso sirve de sede oficial al PSOE Europa (aunque allí no haya más que un bar y una sala de reuniones multifuncional). Estaba previsto inaugurar una verdadera sede para la federación, moderna y con una parte de oficinas. Pero al final el proyecto no pudo concretizarse. El PSOE Europa se financia a través de las cuotas de los militantes y de aportaciones del PSOE, sin disponer de ingresos institucionales como los que otorgan las comunidades autónomas a los partidos regionales para su funcionamiento.

09:50. Llego con 10 minutos de antelación, junto con mis compañeras Miriam Herrero (secretaria de Organización) y María López Muradás (secretaria de Movimiento Sociales), con las que coincido en la calle. Empieza la reunión al cabo de unos minutos, nada más llegar el secretario general, Javier Moreno. Primer tema: la escandalosamente baja participación de la diáspora en las elecciones autonómicas, que pasó del 23% al 4% tras la reforma electoral de enero que generalizó la obligación del elector de solicitar el material de voto por correo que antes le llegaba automáticamente (al no existir en el extranjero urnas en cada barrio).

13:02. Hablamos de la conferencia política que el PSOE celebrará en otoño para renovar su oferta ideológica. El secretario general indica que por parte nuestra abriremos el debate a la sociedad para que cualquier ciudadano pueda aportarnos ideas a proponer. Lo apunto para incorporar la información a la nota de prensa que se emitirá tras la reunión. Poco después, los chicos del bar nos suben el menú del día.

16:52. Salgo de la reunión, recién acabada. Como portavoz, me toca realizar las declaraciones que se recogerán en la nota de prensa. Todo está listo y aprobado. Realizamos una valoración realista y sincera de la situación, dejando claro que la reforma electoral pactada en el Parlamento ha sido un error legislativo. Recordamos que habíamos avisado de ello con antelación, a lo largo del 2010. Apelamos a arreglar el asunto antes del 2012 suprimiendo el voto rogado e implantando el voto por internet.

17:52. Tengo algo de tiempo antes del avión de regreso a Suiza así que me paseo por el centro histórico. Como siempre, la Grand Place de Bruselas está llena de turistas.

18:25. Llego al barrio de los museos, en la parte superior del parque del Mont des Arts. Al fondo, se aprecia la torre de la sede del ayuntamiento de Bruselas.

19:27. Me siento en un bar de la rue du Marché aux Herbes (“calle del Mercado de hierbas”). Hace calor, me tomo un refresco mientras aprecio un fado. Es hora de salir para el aeropuerto.

20:00. El “Airport express” corre bajo la lluvia en dirección del aeropuerto.

20:43. Rápidamente tomo una foto borrosa en el aeropuerto mientras me dirijo a la puerta de embarque. El avión despega con un leve retraso. Durante la hora que dura el vuelo, un emprendedor suizo que se sentó a mi lado entama conversación: me explica cómo le ha ido la crisis y lo muy implicado que está en su religión, organizando actividades para jóvenes. Le escucho educadamente hasta el aterrizaje.

00:20. Llego a Lausana desde Ginebra, con el tren que pillé nada más salir del avión. Me toca subir andando la empicada calle del Petit-Chêne.

00:35. Estoy en casa, cansado tras 20 horas y media de actividad. Tiro al suelo el maletín y me dejo caer en la cama. Dentro de seis horas hay que levantarse para ir a trabajar y afrontar la semana. En ese momento aún no sé que al día siguiente la prensa española recogerá ampliamente nuestra valoración y las declaraciones emitidas en la nota de prensa. Ha sido un día duro, con muchas horas, mucha energía y muchos kilómetros invertidos para una única (aunque larga) reunión. Pero sé que ha merecido la pena. Nuestro mensaje político es coherente y justo, aunque a veces nos cuesta que en Madrid lo entiendan. No cobro un euro de la política, pero mi satisfacción me resulta ampliamente suficiente cuando pienso que, para mucha gente, somos el único altavoz de sus legítimas y básicas reivindicaciones políticas.

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