Los militantes de IU-Extremadura han decidido entregar la Junta de Extremadura al PP, cuando la izquierda (PSOE + IU) sumaba mayoría a raíz de las últimas elecciones. La decisión interna de los militantes será democrática, pero en IU se han olvidado que por encima de este proceso orgánico alimentado por un odio visceral había una decisión democrática de mayor importancia: la de las urnas, que el 22-M dieron la mayoría a la izquierda tras prometerse de forma incesante desde todos los ámbitos de IU que no se favorecerían gobiernos del PP.

Hemos de tener respeto por las decisiones de IU, pero cuando estas contradicen la voluntad mayoritaria de una sociedad progresista para dar un gobierno a una minoría conservadora, el respeto puede legítimamente mermarse. En su minoría minoritaria, esa mima gente a la que se le llena la boca de democracia decidió deliberadamente violar la decisión mayoritaria de los ciudadanos. Han decidido además castigar al presidente regional socialista Guillermo Fernández Vara, que no es precisamente el peor recurso del PSOE y que está demostrando mucho talante en esta operación de derribo.

Así las cosas, los que hasta ahora defendíamos una reforma de la Ley electoral incluyendo –además de la representación parlamentaria de los españoles en el exterior– una dosis de proporcional en el cálculo de atribución de escaños, nos lo vamos a pensar dos veces. A la vista está que sería una locura reformar el sistema para dar más peso a IU, ya que no se puede confiar en una formación que es incoherente con la más soberana de sus orientaciones: la izquierda.

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