Perdí mi empleo en 2009. A mi padre le anunciaron hace unos días que le va a pasar lo mismo, cuando le faltan pocos años para jubilarse. No estamos en España. Estamos en Suiza. Ni Zapatero ni el PSOE pueden tener la culpa. Lo que quiero decir, contando algo tan personal y difícil, es que esta crisis es internacional y no solamente española, como deja entender el PP desde hace tres años. Vivimos un contexto duro, que nos afecta a todos, en nuestras familias, en nuestro círculo de amigos, hasta a quienes salimos en la prensa en nombre del partido que gobierna en España pero que no somos más que pequeñas piezas de una causa noble que pelea por los que no tienen de todo.

Tras una brillante primera legislatura entre 2004 y 2008, a Zapatero y al PSOE nos pilló un terremoto tremendo. Y durante tres años, el presidente del Gobierno que había sido elegido para ampliar los derechos de los ciudadanos y modernizar el país en sus mentes y en sus políticas se pasó el cuotidiano peleando por mantener la casa en pie, a pesar de las zancadillas a repetición que le proporcionaba el PP para ver si se caía alguna columna.

Con las pocas herramientas que un Estado puede usar para enfrentarse a una crisis que traspasa fronteras, la batalla no ha sido fácil. Más esfuerzo costó salir adelante al tener que enfrentarnos a diario con una derecha española que demostró de todo menos responsabilidad. El PP puso en duda cada semana, cada día, en cada intervención, la capacidad política del Gobierno español y su credibilidad internacional. A la vez, el discurso del PP colocaba a Rajoy como experto en economía…

Lo que ocurre con la verdad es que tarde o temprano acaba manifestándose. Hace unos días, en el debate con Rubalcaba, Rajoy reconoció en el minuto 59 que no era experto en economía. Y lo repitió en su entrevista en El País. ¿Qué ha cambiado? Ha cambiado que tras desgastar al Gobierno del PSOE sin cuidado, ahora que se acercan las elecciones le tiemblan las piernas. Si, por desgracia por los españoles, resulta elegido presidente, todo el mundo se enterará de lo que hay: este señor no tiene solución mágica para remontar la situación. Al contrario. Su política más bien será un jarro de agua helada para todos aquellos que hoy piensan que cambiando el partido de gobierno quizá logremos avanzar. Con el PP, se recortarán las ayudas al desempleo, bajarán los sueldos, habrá menos inversiones públicas y por tanto menos empleo público. Se montará un cabreo que la gente manifestará en las calles. La derecha no evitó la crisis en los países en los que gobierna. No es la solución para España.

El PP nos acusó de romper España al modernizar los estatutos de autonomía. Nos acusó de vender Navarra a ETA. No se molestó en acusarnos de negociar con la banda y de equivocar nuestra política antiterrorista (ahora, con su legendaria hipocresía, dicen que siempre nos apoyaron). Nos acusó de romper la familia al permitir que cada cual haga lo que quiera en su vida personal y en su cama. Nos reprochó hasta la exitosa política de sensibilización de la DGT para limitar las muertes en carretera debidas al alcohol. El PP no acertó en nada, como no acertó en su intento de hundir a España para hundir al PSOE: la derecha se encontró ante un rival valiente y responsable, que antes de dejar ejecutar a España prefirió colocarse delante y recibir la puñalada. Los libros darán cuenta.

De aquellos barros, estos lodos. El PP de Aznar apostó en 1998 por el ladrillo. Creó empleo barato, fomentando para ello una burbuja inmobiliaria, trampa en la que mucha gente se dejó caer. Al PP le interesaba un descenso rápido del paro durante su mandato, aunque solo le fuera bien a corto plazo, es decir unos añitos. Sabían que ese empleo creado sería “pan para hoy y hambre para mañana”. Pero no se molestaron y lo incentivaron, metiendo a todo el país en una vía resbaladiza. Rajoy no es la solución: su empleo barato para hoy será paro duro para nuestros hijos. Necesitamos un presidente capaz de reflexión, que gobierne con la cabeza antes que con el pecho, capaz de hacer entender a Europa que la solución debe ser común, fuerte, creíble e imparable. A veces la Historia sirve para evitar repetirla. A ver si el domingo acertamos. Buena suerte a mi país, al que quiero.

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