Esto ocurre hace dos o tres meses en una librería de barrio (¿se llamaría Helios?), en el carrer Nicaragua de Barcelona. Tras entrar y recorrer los pasillos del establecimiento apenas 5 minutos, me acerco rápidamente al mostrador con un ejemplar de la novela “Las cinco muertes del barón airado” (de Jorge Navarro, Seix Barral, 2011). “¿Qué tal este libro?”, pregunto a la librera sin mirarla, a la vez que busco mi cartera en la mochila. “Pues, si te digo la verdad, este no lo he leído…”, contesta. Me sorprende tanto el tono y la sinceridad de su respuesta que interrumpo la búsqueda de la billetera y la miro a la cara por primera vez: es cuando me doy cuenta de su belleza, a pesar de su leve resfriado. Esto dura unos segundos. No suelo entablar conversación con las chicas que me atraen cuando trabajan en contacto con el público, más que nada por no ser el enésimo cliente del día en incordiar en ese aspecto. Esa mañana tenía que pillar el AVE y ya no me quedaba mucho tiempo (buena escusa que evitar cualquier remordimiento). Pero hoy es el Día del libro y, de vivir en Barcelona, posiblemente me lo pensaría y aprovecharía para pasearme por una librería, donde se encuentran magníficas historias.

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