Un escueto comunicado en la web de la Corporación catalana de medios audiovisuales anunció que TV3 Cat cerraría el 1 de mayo de 2012 sus emisiones internacionales a través de los satélites Astra e Hispasat. Y así fue. Los catalanes en el exterior ya no pueden ver en su televisor el canal que seguían desde 1997. Únicamente pueden acceder por internet, es decir a través de una vía en la que ya no tiene sentido un canal internacional puesto que por la web ya se accede diréctamente al propio canal TV3 original, el que se ve en Cataluña. De puntillas, el gobierno de Artur Mas no se cortó en amputar a los catalanes en el exterior de un vínculo cultural e informativo de calidad. Siendo TV3 Cat una de las más potentes herramientas de difusión mundial del catalanismo, CiU demostró su gran incoherencia. Son nacionalistas cuando les apetece ganar poder a través de una idea de independencia de España, pero a la hora de la verdad, a la hora de aplicar políticas de difusión de una identidad de pueblo a través de algo tan fundamental como el idioma y la cultura, desaparecen en la nada. En su día, el anuncio del cierre de TV3 Cat desencadenó más de 30.000 quejas de catalanes repartidos por el mundo. A Artur Mas no le habrá parecido relevante. Ahora, estos 30.000 ciudadanos están llamados a las urnas el próximo 25 de noviembre, ya que forman parte de los 154.000 catalanes en el exterior que tienen edad de votar en las elecciones que el presidente de la Generalitat acaba de adelantar. Dentro de unos días podrán solicitar su material de voto a distancia (que ya no les llega automáticamente). Votarán a favor de la opción que les parezca mejor para la sociedad y el país que quieren entregar a sus hijos: lo harán tras haber tomado nota que CiU es el partido que cerró el canal internacional de TV3, ese que les unía con su tierra.

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