Cada año, con motivo del Día de la Hispanidad, el embajador y los cónsules invitan a los representantes de la comunidad española del país a celebrar la Fiesta nacional. Esto toma la forma de un encuentro en un jardín o en un salón de hotel, en el que se charla e intercambia entorno a un vino y alguna bandeja de jamón. Es una tradición. Como miembro del Consejo de Residentes Españoles (CRE), he procurado acudir cada vez para verme con personas que no frecuento de costumbre, gente con otras afinidades y con otras procedencias sociales. Siempre hay algún tipo con la cara al rojo vivo al cabo de media hora, o alguna señora con maquillaje excesivo y brillante, pasando calor por haberse vestido con todo lo más caro que encontró en el armario. Hablas con artistas, responsables políticos, empresarios, personal de la administración española en el exterior, destacadas figuras del mundo asociativo, periodistas, investigadores científicos… y lamentablemente pocos o ningún estudiante Erasmus. Conoces a gente simpática pero también te cruzas con reaccionarios radicales, pijos (no necesariamente ácratas) y auténticos idiotas (que igual piensan lo mismo de mi). Vamos, como en un bar en cualquier lugar de España.

El año pasado fue la última ocasión bajo el gobierno PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero y no pude ir por razones personales. Este año tenía que ser la primera con el gobierno PP de Mariano Rajoy y no podré ir porque no me invitaron. Al parecer el Consulado ya no organiza nada, por razones de ahorro. Y la Embajada hace algo, pero lo limita a un círculo muy reducido en el que no cabemos los representantes oficiales de la comunidad, es decir siete miembros del CRE Ginebra, siete del CRE Berna-Basilea y siete del CRE Zúrich. No me quejaré. Sinceramente, me parece correcto que en época de crisis el presupuesto de una fiesta se destine a aspectos más necesarios, como las prestaciones sociales. No sé si el dinero pasará a ese uso, incluso lo dudo seriamente, ya que probablemente aquí se haya operado un recorte a secas y no un traslado ético o responsable.

Si algún día los socialistas volvemos a gobernar y recortamos el presupuesto de la Fiesta nacional de España o, como ahora, nos ahorramos por completo su celebración, espero que el PP no venga a acusarnos a lo bobo de falta de patriotismo. Nosotros hoy no lo estamos haciendo y la memoria de la opinión pública merece que lo subrayemos, para que se tome nota que esta forma de actuar es distinta.

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