Hoy se jubila mi madre. Ha sido su último día de trabajo y, como es corriente en profesiones de la sanidad, tocó un domingo. Es símbolico que haya sido tal día de la semana: relata en una palabra el recorrido de esta zamorana que muy jóven salió a buscarse la vida en Madrid y Barcelona, antes de llegar a Suiza, evidentemente sin papeles. Mi madre, que nació y se creció en el campo, gozó de la vida rural pero también aprendió a conocer sus peculiaridades políticas, como el caciquismo que aún existe en muchos pueblos de esa España profunda a la vez que bella y encantadora. Aprendió asimismo a valorar las opciones progresistas como fuentes de desarrollo necesario para nuestro país. Es una socialista convencida, tan zapaterista como yo (o incluso más). Por eso mi madre, que se quedó en el paro cinco años antes de la jubilación y que no cesó hasta encontrar el puesto de trabajo que hoy deja, no pudo evitar, en su carta de despedida a su director, animarle a volver a dar oportunidad a trabajadores veteranos que, cercanos al final de su carrera, a menudo se encuentran rechazados por el mercado laboral. Esa es mi madre, siempre en la batalla, con energía y determinación. Un orgullo ser tu hijo, que te felicita por tu recorrido.

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