Unos 8400 euros bastarían para dividir al PSOE, partido clave en España con más de 130 años de historia y varias décadas de gobierno a las espaldas. Esa cuantía es el resultado de multiplicar 14 diputados del PSC por 600 euros de multa cada uno, que les impuso la dirección del partido por no sumarse al resto del Grupo parlamentario en la votación sobre la celebración de una consulta soberanista en Cataluña (que no el “sí” al objeto de la consulta). De esto hace ya dos semanas pero no paro de darle vueltas, por lo mal que me parece que se practique una multa interna por discrepancia política en circunstancias políticamente delicadas y políticamente entendibles.

Básicamente está el hecho que el PSC debe responder ante su electorado en Cataluña y no en el resto de España. Y que la realidad catalana tiende a orientarse en una dirección política de fuerte impronta catalanista, que es legítima y que el resto de España no puede menospreciar. Ahora que tanto se habla de desafección ciudadana y de alejamiento de la política del sentir de la calle, el PSC no puede actuar en un sentido distinto al que palpa en la ciudadanía catalana y cerrar puertas que no hemos de temer. Y esto es lo que debe seguir encajando en el discurso del PSOE, con esa calidad y esa precisión de relojería suiza que siempre caracterizaron nuestros argumentos y nuestra estrategia.

Dentro de este episodio está otro aspecto: la abstención de Carme Chacón en la votación, que se criticó por una parte y por otra (aunque más por una parte que por la otra). A Carme se le exigió algo así como elegir entre padre y madre en un divorcio, cuando la hija quiere a los dos por igual. Como demócrata catalana, como diputada del PSC-PSOE por Barcelona o como política con reconocida trayectoria de mujer de Estado, ella hizo lo que debía hacer, en coherencia con el trabajo realizado hasta ahora por los socialistas, por ejemplo con Zapatero.

Si 8400 euros pueden ser suficientes para ponerle precio a la calma dentro del PSOE, entonces no sé cuáles otras luces rojas deban encenderse para despertar y enderezar el rumbo en todos los niveles. Necesitamos recuperar ese dialogo y esa concordia que siempre caracterizó a esta casa.

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