Vieron que con el pretexto de la crisis podían retroceder en todas las prestaciones sociales promovidas por la izquierda. Vieron que con una marea de gente preocupada hasta la saciedad por la inmediatez del hambre que puedan pasar sus hijos, difícilmente la población bajaría a la calle para enfrentar batallas a medio y largo plazo. Vieron que con el mayor escándalo de corrupción política azotándoles, la peor torpeza en las explicaciones dadas y la indignación favorecida por el tremendo contexto económico, el edificio de la calle Génova se mantenía intacto frente a concentraciones de protesta muy amplificables. Vieron que podían cerrar oficinas de atención, museos, transportes y medios de comunicación públicos, complicando el acceso del ciudadano a aquello que todavía queda por exterminar. Vieron que, ya lejos de la Edad media, podían volver a instalar concertinas en las fronteras para que los inmigrantes acaben como carne picada. Vieron que hasta podían asentar su futuro atontando a la juventud al quitarle una asignatura moderna y cívica como Educación para la Ciudadanía, que existe en toda Europa y favorece el surgir de generaciones críticas desde el conocimiento de los mecanismos, el análisis y la inteligente ponderación. Vieron por las sucesivas encuestas electorales que la izquierda no remontaría por méritos própios sino por excesos extremos de la derecha, cuyo electorado no se para a examinar el acabado.

Por eso pensaron que tendrían barra libre. Proyectaron una regulación del aborto que retrocede al franquismo y pensaron ser astutos al pedirsela a su ministro presuntamente más moderado. Y eso que a lo que viene la norma es a decir a las mujeres que hagan el santísimo favor de callar su bocquita bonita y cumplan lo mandado por machistas primitivos y extremistas religiosos: que no aborten y punto. Con la nueva ley, las niñas ricas viajarán a la sanidad privada extranjera, mientras las pobres acudirán a clínicas clandestinas de la marca España, con toda la inseguridad que arrastren y montándose además un sector de negocios que operará al negro. Para un partido que se presentaba en defensor de las libertades y del rigor fiscal, vaya aciertos… Eso sí: las pobres, una vez desesperadas y hundidas en la miseria, acabarán acudiendo a la iglesia, como antes. Y la casa del cardenal Rouco Varela podrá justificar seguir repartiendo a dedo el dinero público que percibe, mientras la ayuda social reglamentada ya ha sido aniquilada.

Hoy sale una enquesta que viene a confirmar que esta ha sido la exageración de más. Mientras aprovechaban el tirón del injusto refrán “PP = PSOE”, han cometido el error de meterse en el área de igualdad y mujeres, que ningún elector ponía en duda como punto fuerte de la etapa del socialista Zapatero. Gallardón, que ha pasado a ser el mejor argumento electoral de la izquierda, se consolará viendo que como ministro de Justicia al menos ha acabado con una injusticia: ha puesto de relieve que un partido no es igual que el otro, definitivamente.

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