Nada más verme salir del aula, esa mañana del 11 de marzo de 2004, un compañero de universidad me preguntó si había visto lo ocurrido en Madrid. Me habla de un atentado, de unos trenes… Creo que no me dio tiempo a escucharle hasta el final. Entonces no teníamos internet en los teléfonos móviles y me precipité a consultar la web de la Cadena SER desde un ordenador público situado en el pasillo de la Facultad de ciencias políticas. No daba crédito a lo que veía y recuerdo que pasé de forma nerviosa por varias páginas de periódicos españoles y medios suizos. Todas las portadas estaban dedicadas a la masacre. Llamé a casa para que me comentaran lo que emitían por TVE mientras me metía en el metro.

Llevaba año y medio en el PSOE y apenas empezaba a relajarme tras la que era mi primera campaña de elecciones generales como secretario de Organización en la Agrupación de Lausanne. En esa época también me ocupaba de seguir de cerca TVE Internacional, que como toda RTVE padecía de un impresionante control editorial gubernamental. En esa línea profundizaría los días siguientes, con un gobierno Aznar y medios españoles que atribuían los atentos a ETA cuando los especialistas invitados en los platós de televisión de todo el mundo no dejaban de mencionar al terrorismo radical islamista. Las embajadas seguían la circular de la ministra Ana Palacios y atribuían la autoría a ETA cuando ya nadie creía en esa posibilidad. Creo que no estaría de más, diez años después, que el presidente del PP reconociera que en esa época su partido se equivocó y arrastró a medios afines en una versión descabezada. Quedaría bien él y nos aliviaría a todos los ciudadanos, empezando por las víctimas del 11-M, a las que algunos políticos no han hecho ningún regalo. Quisiera enviar un abrazo de admiración a Pilar Manjón, que ese día perdió a su hijo Daniel de 20 años y que con valentía afrontó en nombre de las víctimas la lucha por la dignidad. Diez años después, no olvidamos lo ocurrido ni el dolor causado.

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