Triste sorpresa, la que me he llevado al comprar en un avión Iberia un mini snack de fuet Campofrío para picar algo de la marca España: ha sido darle la vuelta a la bolsita de este producto típicamente catalán y ver que se fabricaba en plena Francia (el código lo deja claro: FR para Francia, 42 para el departamento de Loira, 129 para la localidad de Maclas, 001 para primera empresa alimentaria registrada en el municipio). Al producto no se le reprocha nada en términos de sabor, ni se tiene nada en contra los vecinos franceses. Pero esa fabricación fuera de España huele a engaño cuando desde hace años Campofrío basa la promoción comercial de sus productos en el carácter español. Tenemos en mente el emotivo anuncio “Hazte extranjero“, que Campofrío difundió la pasada Navidad para ensalzar lo bueno de nuestra manera de afrontar la vida y en el que Chiquito de la Calzada aparece con esa misma bolsita de fuet. El spot constituía un mensaje de solidaridad con los parados españoles que salen a buscar trabajo al exterior ante la falta de oportunidades que ofrecen las marcas españolas. También recordamos la anterior publicidad, “El currículum de todos“, dónde en 2012 Chus Lampreave y Fofito enviaban chorizo a la agencia Moody’s y pavo a la señora Merkel, como una palmadita de apoyo a nuestro país afectado por la austeridad. La marca española de embutido debería hacerle caso a la espléndida Lampreave, que reniega en el último momento de hacerse sueca: “No, no puedo. Uno puede irse, pero no hacerse.” Lo mismo vale para los productos que comercializamos en todo el mundo como siendo españoles: pueden irse al extranjero para ser vendidos, pero no hacerse en el extranjero. Esa es la palmadita, sincera, que se esperan los españoles y los desempleados de nuestra industria.

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