Se ha ido un gran hombre. Los demócratas le estaremos eternamente agradecidos a Adolfo Suárez por su magnífica labor como primer presidente del Gobierno de la España democrática. Suárez ha fallecido hoy tras sufrir una larga enfermedad degenerativa que le apartó hace años de la visibilidad pública y que, de alguna manera, le permitió despedirse de todos nosotros poco a poco.

Ha sido un hombre valiente y digno, un hombre con principios. Pero también un elegante castellano-leonés, que sabía hablar y generar admiración. Con maestría supo domar la bestia del franquismo, que conocía de primera mano, para conducirnos al pueblo hacia la democracia. Sentó las bases fundacionales del Estado moderno con las que España pudo votar y decidir el profundo cambio del 1982 propuesto por el PSOE.

A este gran hombre, que todos llevamos en el recuerdo, nadie le ha hecho ningún regalo: hasta los suyos le complicaron el ejercicio. Merecido es el afecto que la sociedad le demuestra en ocasión de su muerte. Yo mismo pude rendirle un modesto homenaje desde las ondas de la radio suiza. La Historia le abre hoy las puertas a Adolfo Suárez, para cuidar definitivamente de su importante figura.

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