Gran perplejidad me causa el perfil de Tomás Gómez que publica El País bajo el rótulo “el líder que hundió el socialismo madrileño“. El rotativo llega a esta conclusión tras observar que Gómez perdió 7,3 puntos y 6 escaños en las autonómicas de 2011 y que la militancia del PSM se ha desplomado desde que tomó el relevo de Rafael Simancas. Pero no menciona que la pérdida de peso político en Madrid ya comenzó en 2007, cuando Simancas bajó 5,4 puntos en las elecciones, perdiendo 3 escaños en la Asamblea de Madrid, a pesar de tener a todo el PSM y a la dirección federal del PSOE con él. Y que en 2003, con apoyo de Ferraz y el valor añadido de un efecto Zapatero aún vigente, la izquierda madrileña estuvo en condiciones de alcanzar el Gobierno regional.

Gómez no gozó del mismo clima. Es más: tuvo que remar fuerte desde el inicio dentro de un PSOE cuyo aparato claramente jamás le apoyó. En 2007 se le enfrentaron el diputado regional José Cepeda y el concejal madrileño Manuel García-Hierro en una primera batalla de cara al congreso que le aupó al liderazgo del PSM. En 2010 tuvo que ganarse la candidatura socialista a la Presidencia de la Comunidad de Madrid frente a nada menos que la ministra Trinidad Jiménez, apoyada por Ferraz. Zapatero aceptó el resultado de la democracia interna, pero en el PSM la herida no cicatrizó. Parte de los militantes se fueron y es llamativo que el voto en blanco en las elecciones madrileñas de ese año haya crecido en números similares.

Después de las elecciones autonómicas 2011, la contienda no cesó. Un sector del PSM con apoyos en el aparato federal propició la candidatura de Pilar Sánchez Acera en el congreso regional de marzo del 2012. Tomás Gómez volvió a ganar y Ferraz tuvo que aceptar la situación una vez más, esta vez con Rubalcaba al frente. Mientras tanto, las heridas del PSM volvieron a sangrar, con militantes nuevamente descolocados. ¿Realmente no le cabe imaginar a El País que eventualmente la caída del PSM es atribuible a otras personas que Tomás Gómez?

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