Benjamín Netanyahu es ese primer ministro israelí que en enero se cuela en la manifestación de París tras los ataques a Charlie Hebdo cuando el presidente de Francia no lo deseaba, que en febrero apela a los judíos europeos a emigrar a Israel tras los ataques en Copenhague (que ya irritó a Manuel Valls cuando dijo lo mismo en París) y que en marzo va a dar un discurso delante del Congreso de Estados Unidos sin acuerdo del gobierno americano y para decir que el presidente Obama lo está haciendo mal.

Primera observación: animando a los judíos europeos a emigrar a Israel por seguridad, viene a decir que los dispositivos de seguridad de los países europeos no son de fiar y sobretodo incrementa las tensiones con Palestina, de la que ya ocupa casi todo el territorio para dar fincas precisamente a los judíos que van a vivir a Israel. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Segunda observación: los desaires de Benjamín Netanyahu a potentes estados europeos y nada menos que al presidente americano son una falta de respeto de tan alto nivel que no dejan muchas dudas sobre su capacidad de pisotear los derechos de los palestinos y del territorio palestino sin la más mínima vergüenza.

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