Exigiendo una rebaja fiscal, los futbolistas están pidiendo que entre todos los ciudadanos asumamos lo que ellos dejarían de pagar. Y lo peor: que lo asumamos los que disfrutáis desde las gradas y también quienes ni somos seguidores del fútbol. Habría que llamarles futbolistos.

Un ciudadano que cobra 2000 euros al mes tardaría 758 años en alcanzar el sueldazo de más de 18 millones de euros que gana Cristiano Ronaldo en un año. La reivindicación de optimización fiscal parece como mínimo escandalosa en los tiempos que corren y que ven como cada día alguna administración anuncia recortes en prestaciones al ciudadano. A esto se añade que un futbolista no paga más impuestos que cualquier ciudadano que tenga un sueldo similar. Los que más cobran no siempre tienen pudor: en su día los controladores aéreos, hoy los jugadores.

No perdamos de vista, por terminar, que los sueldos del fútbol proceden de recetas publicitarias y ventas alimentadas en definitiva por cada consumidor, incuso los que sin ser amantes del fútbol sufragamos los costes de los patrocinios pagando más dinero por cada llamada telefónica, zapatilla deportiva, botellín de cerveza, refresco, billete de avión, gestión bancaria, televisor o coche.

¿No quieren pagar impuestos como todos? Pues que nos den sus sueldos y nos encargamos nosotros de abonar lo debido al erario.

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