Hoy en Madrid se rinde homenaje a los 10 años del matrimonio igualitario, que Pedro Zerolo impulsó acerca del presidente Zapatero y que desde entonces equiparó derechos, haciendo felices a 38.000 parejas. Es buen momento para resaltar que, además de por esa gran ley, a Pedro lo recordaremos por sus formas siempre atentas y por el fondo con el que contaba. Cuando proclamaba en alto que era y se sentía socialista, sabía de lo que hablaba.

Era una persona preparada. Era meticuloso. Pedro Zerolo debatía hasta en la distancia corta. Te ponía a prueba y cuestionaba tus argumentos para determinar si aguantaban la tensión. Había que demostrarle la coherencia de una idea y su encaje dentro de una perspectiva socialista.

En una batalla que nunca logró la misma visibilidad que otras muchas, este Señor de la política nos acompañó en el viaje de los españoles en el exterior hacia la representación parlamentaria de estos dos millones de ciudadanos. Le explicamos la perspectiva del PSOE Europa, le expusimos el modelo institucional completo que habíamos desarrollado. Hizo preguntas, buscó fallos. Con su fina apreciación jurídica, pudimos apuntalar la reflexión hasta el extremo. Le daba tantas vueltas a las cosas que en alguna ocasión pasamos horas al teléfono revisando textos hasta la coma, calculando incluso las repercusiones de poner allí esa coma. Me gustaba esa forma de trabajar, exigente, enfocada hacia la calidad y lo justo.

La política nacional, su ritmo y sus mecanismos fomentan una arrogancia capaz de auténticos desastres cuando se mezcla con la ignorancia. Zerolo tenía esa virtud tan escasa de saber escuchar antes de hacerse una opinión. Prestaba atención más allá de la primera fila. Pedro destacaba con la inteligencia de la sensibilidad.

Con los años, el compañero se fue convirtiendo en amigo. Su enfermedad ha sido un golpe duro para todos. La valentía con la que la afrontó ilustra bien lo que era: un tenaz defensor de los derechos, incluso el suyo propio a vivir. Ha sido un privilegio conocerle de cerca.

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