Ayer han sido elegidos 350 diputados y una vez más, ninguno de ellos representa a los dos millones de españoles en el exterior, electorado equivalente al de toda Castilla y León.

El actual sistema imposibilita la representación parlamentaria de la diáspora, cuyos ciudadanos solamente tienen derecho al sufragio activo (votar a otros y ser representados por esos terceros) pero no acceden al sufragio pasivo (recibir votos y ser representantes). Solucionar este déficit democrático pasa por crear circunscripciones exteriores. Otros estados las han puesto en marcha con éxito: Francia, Italia y Portugal, por citar los más cercanos.

Al mismo tiempo se subsanarían los principales problemas técnicos del voto exterior:

  • Se acabarían las polémicas sobre las sacas de voto presuntamente manipuladas, ya que las papeletas no viajarían a las respectivas circunscripciones provinciales de origen de cada residente en el exterior.
  • El voto se cerraría al mismo tiempo que en España.
  • El recuento sería simultáneo, la noche electoral y no tres días después.
  • Se conocería el resultado de cada demarcación consular, ya que se instalaría una mesa en casa consulado con las dos urnas relativas a la circunscripción exterior correspondiente.

Esta rectificación de la Ley electoral necesita retocar levemente el artículo 68 de la Constitución, que actualmente establece que la circunscripción electoral es la provincia.

Hay motivos para creer que muchas cosas ayer imposibles son realizables a partir de hoy. Las elecciones generales 2015 dejan un panorama político inéditamente abierto, que exigirá una gran capacidad de acuerdo y que propiciará el camino a la necesaria reforma constitucional. Los electores han acertado: más allá del resultado concreto de cada partido, hay que ver la situación global como una oportunidad. Si todo sale bien, se verán en España situaciones de madurez y acuerdo similares a las que exige el modelo suizo, donde el gobierno federal está compuesto por 2 socialistas, 1 democristiana, 2 conservadores y 2 ultra-derecha, reflejo de la pluralidad parlamentaria. A todos nos corresponde arrancar un tiempo nuevo, con calma, con generosidad y mucha altura de miras. En ello nos va el futuro de nuestro magnífico país.

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