Los atentados de Bélgica han vuelto a poner el foco en la eficacia de las políticas de seguridad. Al igual que en París, se ha plasmado la falta de colaboración entre distintas policías en el ámbito nacional y europeo para luchar en contra de un terrorismo que se burla tanto de las fronteras políticas como del reparto administrativo de competencias.

Sometidos a la presión de movimientos nacionalistas y xenófobos que difunden un mensaje simplista configurado para activar la mayor receptividad popular, los gobiernos están respondiendo en caliente con medidas retumbantes pero cortoplacistas: cierre de fronteras y mayor aislamiento, en vez de reforzar la coordinación entre los estados miembros de la Unión europea. En definitiva, estamos construyendo un edificio en el que faltan conexiones entre viviendas y en vez de determinar el motivo del mal funcionamiento del ascensor, colocamos por el exterior del inmueble un ascensor distinto para cada piso. El resultado no responde al problema, pero es fácil de poner en marcha por la élite de cada piso y es visible por los inquilinos.

Posiblemente la respuesta adecuada sería ir en dirección contraria y reforzar la UE en vez de debilitarla. Al ser históricamente y por naturaleza reacios en delegar competencias, los gobiernos han ido creando una UE en la que se solapan instituciones y escasea reactividad. Y ahora profundizan en su error en vez de solventar el problema. Así resume la situación el eurodiputado español José Blanco, poniendo en evidencia las carencias: “Urge crear una inteligencia europea, al igual que urge crear un cuerpo policial europeo y un ejército comunitario: ninguna política de seguridad y de defensa común puede sostenerse seriamente sobre un agregado heterogéneo de cuerpos nacionales. Desafíos supranacionales requieren respuestas supranacionales.

Si tal interés despierta en las élites las cuestiones inmediatas, cabe detenerse un rato y observar que si los países damos marcha atrás en la integración europea, cerramos fronteras interiores y entorpecemos la circulación de las personas, los terroristas habrán conseguido destrozar de cara a la ciudadanía una de las piezas más tangibles del proyecto europeo. En definitiva, la restricción de las libertades en Europa significa hacerle el juego a una organización que las rechaza y las destroza.

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