Sobrevolábamos Lisboa, minutos antes de aterrizar. Apuntando con el dedo a través de la ventanilla del avión, António relataba a sus vecinos de butaca detalles y anécdotas sobre tal puente, tal monumento, tal parte de la capital. Llegado el momento de recoger nuestras cosas y hacer cola para salir del avión, saludé a António, que viajó sentado en la fila que precedía la mía y al que había reconocido al entrar. Le felicité por ir en 2a clase a pesar del cargo que tenía en Ginebra. En un francés perfecto, me contestó exáctamente lo que tenía que contestar: “es lo normal, siendo más barato el billete”. Intercambiamos unas palabras sobre el PSOE. Un amigo nos sacó una foto rápidamente y nos despedimos.

En la terminal, la pareja sueca que en el avión iba sentada al lado de António me preguntó quien era ese señor que le había servido de guía desde la ventanilla. Les contesté: “ese señor sirvió de guía a millones de personas en Portugal. Ha sido primer ministro y se llama António Guterres. Es un socialista”.

Han pasado tres años desde esta bonita anécdota. Hoy ese hombre modesto y afable, António, ha sido elegido nuevo secretario general de la ONU. Que nos sea a todos la mejor guía en estos tiempos revueltos, que necesitan tal figura.

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