Quería un PSOE socialista antes que marxista. En 1979, Felipe González abandonó la Secretaría General tras comprobar que el 28 Congreso de su partido no seguía la línea política que él planteaba. Luego el PSOE rectificó y Felipe regresó, listo para ganar las elecciones de 1982.

Es curioso que hoy, un partido que se dice “nuevo” en el fondo como en las formas intente reproducir episodios ya experimentados en el PSOE. En su afán por seguir la senda del socialismo vencedor y tomar su espacio, Podemos lleva su corta trayectoria machacada por dos corrientes personificadas en sus número uno y dos, como antaño los felipistas y los guerristas. Ante la próxima asamblea de ese partido, dividido como nunca entre pablistas y errejonistas, su líder máximo Pablo Iglesias Turrión ha comprobado el fracaso de su pobre intento de mercadeo público al rechazar Errejón quitarse de en medio a cambio de la candidatura a la Alcaldía de Madrid. Angustiado por la eventualidad de una derrota, Turrión quiso recurrir una vez más a una receta copiada, amenazando a los suyos con irse del Congreso de los Diputados si perdía la asamblea. Si al Felipe del 1979 le importaban las ideas, al Turrión del 2017 definitivamente le importa su poltrona. Y así no se gana un país.

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