Ese día de abril del 2012 había quedado con Carme Chacón en la ciudad italiana de Génova. La habían invitado a los 120 años del Partido Socialista Italiano y ella amablemente me llamó para estar allí con ella. Bajé en coche desde Suiza y llegué con antelación. A poca distancia de la sala de cine en la que se celebraba el acto, entré en un restaurante en el que no había nadie, ya que no era hora.

Tomé asiento en una mesa y mientras me preparaban el plato, me detuve en las fotos que colgaban de las paredes. Tenían varias del juez Giovanni Falcone, que la mafia asesinó hace mañana 25 años con 400 kilos de explosivos que reventaron un tramo de autopista en Capaci al pasar su vehículo. Siempre he tenido una gran admiración por ese señor a raíz de su batalla por el Estado y el país de mi padre: al inaugurar mi blog en 2006, puse una frase suya en mi página de perfil, que llevo 11 años manteniendo publicada.

El camarero se acerca con el plato y le pregunto el motivo de tanta foto de Falcone. Me contesta: “Ud. no es de aquí, ¿verdad? Verá, el juez venía mucho a este restaurante”. Mientras voy cortando la chuleta a la milanesa, le pregunto: “¿Y dónde se sentaba?” A lo cual el hombre contesta: “Aquí mismo donde se ha sentado Ud.”

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