Hace unos días he trasladado a la militancia del PSOE Lausanne que no optaré a un nuevo mandato como secretario general, después de una década al frente de la agrupación local. No puedo eludir pensar en nuestros mejores momentos desde que me uní a ellas y ellos en 2002, configurando y defendiendo un proyecto político sólido para la ciudadanía española en el exterior, con compañeros que han sido referentes, fuente de ejemplo y de apoyo. Hemos contribuido significativamente a recuperar un PSOE Europa fuerte del 2004 al 2014, federación regional exterior de la que tuve la posibilidad y el honor de ser portavoz durante 8 años intensos e inolvidables.

Cumplo 20 años en el PSOE, durante los que he servido a este partido con pasión, humildad y sinceridad. Nuestra batalla y perseverancia durante una década en contra del voto rogado ha dado resultado y, bajo el impulso del Gobierno PSOE-UP, esta primavera se ha puesto punto final a esa torpe complicación del sistema electoral. Lo he esperado como agua de mayo para salir tranquilo. Queda pendiente completar la democracia española para que los casi 3 millones de españoles en el exterior tengamos parlamentarios propios y posibilidad de concurrir a las elecciones como cualquier ciudadano residente en España. Hay que confiar en el futuro, pensando que nada es imposible y que la extensión de derechos desde la igualdad es un camino lleno de legitimidad.